Había una vez un perro que siempre acompañaba a su amo cuando este salía a pasear, siempre salían el perro y el amo para todos lados, como buenos amigos caminaban juntos , corrían juntos, jugaban juntos. Una tarde al amo se le compró una bicicleta y salió a pasear, el perro le acompañó, mientras el perro corría el amo pedaleaba, después de unos minutos se cansó el perro, el amo le vio y lo quizo alzar para llevarlo a casa y el perro se negó, con su regreso lento pero muy lento llegó a la casa, las salidas con su amo se fueron haciendo pocas; cuando el amo salia a caminar el perro lo acompañaba toda la tarde, si salía con la bicicleta el perro solía acompañarlo unas cuadras luego le dejaba. Luego al amo se le compró una motocicleta imaginarás el perro lo acompañaba sólo hasta la acera de la casa y lo veía desaparecer.
Una tarde llegó el amo con su carro y pensó en sacar a pasear a su familia pero cuando entró al garage vio a su perro y se acordó que en varias ocasiones lo habia querido sacar a pasear pero el perro se había negado, se acercó, lo alzó, lo subió a su carro, lo puso en el asiento del copiloto, lo paseó por horas, le llevó a los lugares que había ido el amo sin el perro, le enseñó las viviendas de sus amigos, de la chicas, de personas que visitaron al amo alguna vez y el perro los recibía con ladridos, el perro conoció el colegio, la universidad, las discotecas, los bares, los hoteles al paso que su amo visitó, luego el amo lo llevó a un barranco frente al mar, le recordó las muchas veces que habian venido juntos a pescar, a acampar, recordaron la vez primera que jugarón en la playa.
Luego regresó el amo a su casa y su mujer le dijo:
-sabes que tu perro...- él la interrumpió y le dijo
-Descuida ya lo enterré-