miércoles, 4 de noviembre de 2009

Ansias Cosas mías

En una ocasión un hombre subió a lo alto de una colina y plantó un palo con una pedazo de tela de color lila al bajar las personas del pueblo le preguntaron porque había hecho semejante acto, él los miro, les mostro una risa (que más parecía una mueca de burla) y dijo

-cosas mías-

Luego, al día siguiente fue donde dicha colina, se sentó junto al palo que habia plantado y se puso a leer hasta que le cayó la noche, bajo al pueblo y nuevamente sus amigos le preguntaron si estaba bien y el por lo que había hecho y él respondió

- cosas mías-

Después de una semana decidió poner en dicha colina una banca y se sentaba en ella a leer el invierno y la lluvia lo obligaba a regresar a su casa así que decidió construir una casa donde hospedarse y así fue en dicha colina podrías apreciar un asta, con una tela lila, una banca y una hermosa cabaña y claro a este hombre que a veces salía a la banca a leer otras se internaba en la casa así pasaron los años. COn el pasar del tiempo sus amigos hicieron familias pero él igual seguía en la cabaña hasta que después de mucho tiempo él hombre no bajo de dicha cabaña al principio no llamó la atención a nadie, luego alguien decidió buscarlo y no lo encontró solo el asta, la banca y la cabaña pero dentro de la cabaña había un cuaderno de apuntes que decía "Cosas mías" al leerlo se descubrió su gran secreto

"Espero a la mujer de mi sueños, aquella mujer que es sólo para mí y que yo seré solo para ella, como estoy convencido que así será le he dejado una señal, el asta y la tela color lila, a ella le gustará, esa es nuestra señal yo se que ella vendrá a tal punto que el universo o Dios de a poco han condicionado que edifique nuestro nido de amor hoy tengo una cabaña y será para ambos”

El libro terminaba diciendo: “Han transcurrido años, no sé que hice mal -si lo hice claro-, pienso cosas como que, me deje llevar por una idea o ilusión ese apego logro que me obsesionara o es que fui tan ansioso que no pude ver más allá, esta ansia me cegó no sé que pensar hoy me di cuenta que estaba errado"

Como era de esperarse el tiemposigue su curso y este hombre regresó al pueblo estaba acompañado de una mujer él subió con ella hasta la colina no bajaron por una semana.

Luego él bajo al pueblo, a su casa e invito a todo el pueblo y la presentó era su pareja, su socia, su compañera, y ya cuando los hombres se quedaron solos y en plena fiesta y ya algo ebrios todos de una u otra forma le abrazaban, le daban la mano con cierto recelo, con cierto alivio y él les preguntoó el porque de esa actitud.

Uno de sus amigos se levanto y le dijo -de no ser por el hecho de que te dejaste llevar por tu idea alocada de esperar a quién iba a llegar y la verdad no sé si buscabas, claro si lo hacias, pero hasta donde sé, no buscabas, sólo esperabas, hoy probablemente tú estarías casado con mi esposa o con la de cualquiera de acá, lo digo porque somos conocedores de tus caulidades, creo que tú también, o me equivoco-

Él se sorprendió pero al ver el rostro de aquellos hombres entendió, realmente no busco a su pareja, solo quiso que llegue, esas ansias de búsqueda lo habían inmovilizado en una idea fija pero jamás tuvo el tino de percatarse cuando la fantasía se hace realidad, porque simplemente vivía su propia fantasía, su propio sueño, era un sueño que no compartia, los sueños son reales hasta que despertamos.

Como se dice el amor es un milagro y como tal tiene derecho a condicionarnos y no nosotros condicionamos al amor aunque muchas veces si jugamos con él y esa, esa es otra historia.

GEA

GEA


- Me voy.
- No puedes.
- Me voy.
- ¡No puedes!
Todo era blanco no había espacio para otra tonalidad o color, al fin esa blancura se apoderó. Formaba parte de sí mismo con los ojos abiertos o cerrados, podía al fin ver... era todo blanco.
- Te vas.
-No puedo.
- ¡Te vas!
- ¡No puedo!
Miraba el entorno que era diáfano pero no tenía forma, todo era blanco ¿Dónde podría posarse la mirada si ese resplandor estaba presente? ¿Cómo llegaría a eso?
- Me quedo.
- No puedes.
- ¡Me quedo!
- No puedes. ¡Ya no quiero!

Miró hacia adelante y la luz le cegó, solo le quedó agachar la cabeza, mientras cerraba sus párpados. Al instante los ojos pudieron ver una claridad más allá de esa blancura que lo invitó a buscarla; solo distinguió su sombra