domingo, 29 de abril de 2012

¿Que cuántos años tengo???




¿Que cuántos años tengo?
 José Saramago

¿Que cuántos años tengo? - ¡Qué importa eso!
¡Tengo la edad que quiero y siento! 
... La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
 Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido...
Pues tengo la experiencia de los años vividos
y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo!
¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo/a,
y otros "que estoy en el apogeo".
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,
sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso,
para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos,
rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir:
¡Estás muy joven, no lo lograrás!...
¡Estás muy viejo/a, ya no podrás!...
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma,
pero con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños,
se empiezan a acariciar con los dedos,
las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor,
a veces es una loca llamarada,
ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
y otras... es un remanso de paz, como el atardecer en la playa..

¿Qué cuántos años tengo?
No necesito marcarlos con un número,
pues mis anhelos alcanzados,
mis triunfos obtenidos,
las lágrimas que por el camino derramé
al ver mis ilusiones truncadas...
¡Valen mucho más que eso!
¡Qué importa si cumplo cincuenta, sesenta o más!

Pues lo que importa: ¡es la edad que siento!
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero,
pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos

¿Qué cuántos años tengo?

¡Eso!... ¿A quién le importa?

Tengo los años necesarios para perder ya el miedo
y hacer lo que quiero y siento!!.
Qué importa cuántos años tengo.
o cuántos espero, si con los años que tengo,
¡¡aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno!!



jueves, 5 de abril de 2012

Semilla en la tierra



Montó su caballo y se dirigió a lo alto de un cerro, al cual llegó después de 4 horas, desmontó luego se sentó en una piedra en el pequeño descampado en lo alto del cerro, miró a su alrededor y estuvo sentado por unos minutos con la mirada perdida en un punto de la nada pero fija en un pensamiento. Luego se puso de pie se dirigió al caballo del cual sacó algunas cosas que las dejó a un lado, reunió algunas piedras y unas ramas y armó una pequeña fogata.

La tarde empezaba a dar paso al ocaso, caminó hacia el caballo al cual golpeó en las ancas por lo que este empezó a correr, cuando el caballo se perdió en el horizonte, se dio la vuelta y caminó hacia la misma orilla donde empezaba el precipicio y se puso a mirar, frente a él vio un paisaje diverso, zonas áridas, zonas boscosas, zonas rocosas, en la lontananza le pareció ver un rio, le recordaba a un trazo de lápiz sobre el papel y allende distinguió un punto oscuro y creyó que era una casa con techo de dos aguas, su casa, vio la pequeña laguna que alimentaba a dicho valle, mientras contemplaba el paisaje lo envolvió la nostalgia y comenzó a llorar y reír, se secó las lagrimas y caminó hacia la fogata que alimentó con más leña, luego se acostó y comenzó a mirar las estrellas como varias veces en su niñez y su adolescencia lo había hecho.

Su mirada lo llevó a ver a las estrellas las agrupó, luego las vio una por una, pudo ver una que otra estrella fugaz, de pronto las estrellas se hicieron palpables, se sorprendió mucho, pero la felicidad de poder palparlas sin lograr quemarse fue grande, descubrir que habían estrellas que cabían en su mano y otras eran enormes y que recorrerlas le tomaba mucho tiempo, cada vez que hallaba una estrella pequeña solía soplar suavemente para ver como la corona se hacía a un lado, pero cuando la estrella era grande entraba al corazón de la misma y se quedaba dormido dentro de ella.

En un momento dado en que estaba buscando otra estrella, saltando de cuerda en cuerda, se fijó en un punto azul, aguzó la mirada y se vio, estaba ahí acostado mirando al firmamento, vio como estaba vestido, comenzó a recorrer su cuerpo con la mirada se fijó en sus zapatos, subió por las piernas, llegó al vientre, se topó con sus manos sobre el pecho, luego su rostro, notó que tenía arrugas, se vio el cabello y lo tenía cano, dio una mirada a su entorno, al valle y volvió a mirarse el rostro, comenzó a sentir una gran alegría de encontrarse a sí mismo, luego una tristeza por verse solo y en abandono, intentó acariciarse el rostro pero no pudo y de pronto se vio mirándose a sí mismo, se vio reflejado en sus ojos, se asustó pero decidió volver a sí mismo y comenzó a viajar a través del tiempo y la distancia hacia sí mismo, con una desesperación que jamás antes había sentido, supo lo que debía hacer, y viajó cada vez más y más rápido. Acostado en el suelo pudo ver que una estrella se desprendía de su órbita y viajaba hacia él, conforme veía que se acercaba a él cual estrella fugaz, sentía que volvía a respirar o al menos eso parecía y que la estrella que iba a su encuentro se hacía más notoria, comenzó a distinguirla con mayor claridad, sintió un lejano renacer, una lagrima se formó en su ojo y comenzó a descender por su sien, en esta lagrima se pudo distinguir el reflejo de la estrella fugaz que poco a poco iba desapareciendo, desintegrándose hasta desaparecer segundos antes que la lagrima terminara perdiéndose en sus cabellos.


miércoles, 4 de abril de 2012

Ayer soñé que podía y hoy puedo



Como los budistas, sé que la palabra no es el hecho,
si digo manzana no es la maravilla innombrable que enamora el verano,
si digo árbol apenas me acerco a lo que saben las aves,
el caballo siempre fue y será lo que es sin saber que así lo nombro.
Sé que la palabra no es el hecho,
pero sí que un día mi padre bajó de la montaña y dijo unas palabras al oído de mi madre,
y la incendió de tal manera que hasta aquí he llegado yo,
continuando el poema que mi padre comenzó con algunas palabras.
Nacemos para encontrarnos (la vida es el arte del encuentro)
encontrarnos para confirmar que la humanidad es una sola familia
y que habitamos un país llamado Tierra.
Somos hijos del amor, por lo tanto nacemos para la felicidad
(fuera de la felicidad son todos pretextos),
y debemos ser felices también por nuestros hijos,
porque no hay nada mejor que recordar padres felices.
Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la Tierra es tan corto,
que sufrir es una pérdida de tiempo.
Además, el universo siempre está dispuesto a complacernos,
por eso estamos rodeados de buenas noticias.
Cada mañana es una buena noticia,
cada niño que nace es una buena noticia,
cada cantor es una buena noticia porque cada cantor es un soldado menos,
por eso hay que cuidarse del que no canta porque algo esconde.
Eso lo aprendí de mi madre que fue la primera buena noticia que conocí.
Se llamaba Sara y nunca pudo ser inteligente porque cada vez que estaba
por aprender algo llegaba la felicidad y la distraía,
nunca usó agenda porque sólo hacía lo que amaba,
y eso se lo recordaba el corazón.
Se dedicó a vivir y no le quedaba tiempo para hacer otra cosa.
De mi madre también aprendí que nunca es tarde,
que siempre se puede empezar de nuevo,
ahora mismo le puedes decir basta a la mujer que ya no amas,
al trabajo que odias, a las cosas que te encadenan,
a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan desde la mañana,
a los que quieren dirigir tu vida,
ahora mismo le puedes decir basta al miedo que heredaste,
porque la vida es aquí y ahora mismo.
Me he transformado en un hombre libre (como debe ser),
es decir que mi vida se ha transformado en una fiesta que vivo en todo
el mundo,
desde la austeridad del frío patagónico a la lujuria del Caribe,
desde la lúcida locura de Maniatan al misterio que enriquece a la India,
donde la Madre Teresa sabe que debemos dar hasta que duela.
Caminando comprobé que nos vamos encontrando con el otro
lenta, misteriosa, sensualmente,
porque lo que teje esta red revolucionaria es la poesía.
Ella nos lleva de la mano y debajo de la luna hasta los últimos rincones
del mundo donde nos espera el compinche, uno más,
el que continúa la línea que será un círculo que abarcará el planeta.
Esta es la revolución fundamental,
el revolucionarse constantemente para armonizar con la vida,
que es cambio permanente,
por eso nos vamos encontrando fatalmente para iluminar cada rincón.
Que nada te distraiga de ti mismo, debes estar atento
porque todavía no gozaste la más grande alegría
ni sufriste el más grande dolor.
Vacía la copa cada noche para que Dios te la llene de agua nueva en el
nuevo día.
Vive de instante en instante porque eso es la vida.
Me costó 57 años llegar hasta aquí,
cómo no gozar y respetar este momento?
Se gana y se pierde, se sube y se baja, se nace y se muere.
Y si la historia es tan simple, porqué te preocupas tanto?
No te sientas aparte y olvidado, todos somos la sal de la Tierra.
En la tranquilidad hay salud, como plenitud dentro de uno.
Perdónate, acéptate, reconócete y ámate,
recuerda que tienes que vivir contigo mismo por la eternidad,
borra el pasado para no repetirlo, para no abandonar como tu padre,
para no desanimarte como tu madre,
para no tratarte como te trataron ellos,
pero no los culpes porque nadie puede enseñar lo que no sabe,
perdónalos y te liberarás de esas cadenas.
Si estás atento al presente, el pasado no te distraerá,
entonces serás siempre nuevo.
Tienes el poder para ser libre en este mismo momento,
el poder está siempre en el presente porque toda la vida está en cada
instante,
pero no digas no puedo ni en broma porque el inconsciente no tiene sentido de humor,
lo tomará en serio y te lo recordará cada vez que lo intentes.
Si quieres recuperar la salud abandona la crítica, el resentimiento y la
culpa, responsables de nuestras enfermedades.
Perdona a todos y perdónate,
no hay liberación más grande que el perdón,
no hay nada como vivir sin enemigos.
Nada peor para la cabeza y por lo tanto para el cuerpo que el miedo, la
culpa,
el resentimiento y la crítica que te hace juez (agotadora y vana tarea)
y cómplice de lo que te disgusta.
Culpar a los demás es no aceptar la responsabilidad de nuestra vida,
es distraerse de ella.
El bien y el mal viven dentro tuyo,
alimenta más al bien para que sea el vencedor cada vez que tengan que
enfrentarse.
Lo que llamamos problemas son lecciones,
por eso nada de lo que nos sucede es en vano.
No te quejes, recuerda que naciste desnudo,
entonces ese pantalón y esa camisa que llevas ya son ganancia.
Cuida el presente porque en él vivirás el resto de tu vida.
Libérate de la ansiedad, piensa que lo que debe ser será, y sucederá
naturalmente...

Facundo Cabral (La Plata, 22 de mayo de 1937 - Ciudad de Guatemala, 9 de julio de 2011)