
Él se acercó a la cama silenciosamente, sentía que era la primera vez que lo hacía, al mirar la vela encendida que iluminaba la habitación tuvo la seguridad que no era la primera vez y que tampoco sería la última vez, camino unos pasos de la puerta a la cama vio aquella silla de color rojo, el pequeño banco, juntos a la cama, la vio acostada boca arriba, la contempló dormir, se sentó junto a ella, la miraba dormir, acerco su rostro al de ella y comenzó a respirar al ritmo de ella, buscó por todos los medios tratar de percibir su aliento pero no pudo, luego le comenzó a acariciar sus cabellos y trataba de decirle algo pero solo la contemplaba, acariciaba su oreja, retiro la sabana y pudo apreciar el cuerpo de ella, la comenzó a acariciar por la cintura, el vientre, subió sus manos hacia su pecho, acarició sus senos, noto que ella comenzaba a excitarse, vio cómo se arqueaba, cómo sus piernas se cerraban y abrían, sus brazos se extendían y él continuo acariciándola se acercó a su oído y le dijo –Te necesito, te extraño- ella dejo escapar un gemido, su piel se erizo cual piel de gallina y luego ella se volteó y él la cubrió con la sabana, se acostó a su lado y la dejo dormir abrazado a ella.
Ella al despertar se sentía relajada, se estiró al voltear ella miró fijamente el lado de la cama donde él se encontraba cerró los ojos y no pudo evitar morderse los labios y cerrar los ojos, luego se levantó, tomo una toalla y salió de la habitación, al regresar la vio cambiarse, quiso decirle que quería acompañarla pero ella no pudo escucharlo y se marchó.
Al anochecer él al entrar a la habitación la vio estaba vestida con un pequeño top color rosado y una braga blanca con pequeñas flores, no pudo evitar desearla, camino unos pasos y se detuvo detrás de ella, la escuchó, estaba rezando, decidió ir a la cama, se sentó en ella, al verla de espalda sentía que deseaba tomarla entre sus brazos y hacerle el amor, bajo la mirada y no pudo evitar el dolor que le causo a ella cuando hacía un año atrás él la había abandonado, todo el dolor que le había causado, las lágrimas que ella había derrochado diciendo su nombre, sintió náuseas y un hondo vacío en su pecho, se sentía tan mal consigo mismo, no sabía que hacer para borrar de su alma ese sentimiento de culpa, haría cualquier cosa, hasta regresar de la muerte de ser posible con solo verla feliz, quería que ella le perdone, estaba ahí con ella, pero ella tan distante, algo había cambiado en ella, por más que él había intentado acercarse, ella solo se distanciaba, él no se atrevía a increparla, tenía miedo que ella terminara de alejarse, de dejarlo, se puso de pie, vio que ella termino de rezar camino hacia la cama, ocupo el lado derecho de la cama y dijo -Este es tu sitio amor- con una hermosa sonrisa.
Él se acercó la miro, se acostó en la cama, en su sitio que le correspondía y le dijo
–Sabes, yo te amo, te amo tanto que si supiera que para que seas feliz he de dejarte, sabes lo haría-
Ella volteo mirando su lado de cama donde él estaba y dijo
-imagino que ahora querrás leer o te conectaras-
Él la miro y le responde –No, no, esta noche deseo que hablemos, que recuperemos o intentemos recuperar lo que hemos perdido producto del silencio, de la distancia, recuerdas, solíamos dialogar mucho, solíamos hablar de todo y eso nos llevaba a reír de cada cosa…-
En ese momento ella giro al otro de la cama lado diciendo –No importa Ju, yo te esperaré como todas las noches con amor, amor-
Él la queda mirando y le dice -¿Cómo, acaso no me escuchas?, demonios estoy acá mírame, tócame, porque eres tan fría y distante, per-do-na-me no quise hacerlo, crees que quise hacerlo, respóndeme, di algo- se puso de pie cuando ella volteo y se quedó mirando el techo, empezó a morderse los labios y dijo –Ju, ¿porque?-
-¿Porque?, dime algo ¿cuantas veces debo pedir disculpas? … yo siento que me agoto, siento que pierdo las fuerzas y sabes te necesito mucho, yo…-
Mientras había estado hablando pudo ver donde ella había estado de pie minutos antes, se acercó, vio objetos personales como lápiz labial, perfumes, cajas musicales –son tus preferidas- pensó, vio su foto, una flor y una vela.
Camino entristecido hacia la cama no podía soportarlo, cada vez que leía
A la memoria de Ju a un año de su muerte
de parte de su amada esposa
Se puso de rodillas en el suelo apoyando sus manos en la cama, la miro y se puso a llorar y le dijo –Perdóname no quise dejarte, perdóname-
Ella mirando al techo le dijo –Estoy acá esperándote amor, ven pronto- cerró los ojos dio media vuelta y él de pie esperando el momento en que ella duerma y puedan al fin mirarse, puedan sentirse, escucharse, decirse cuanto se extrañan, hablar de tantas cosas, en aquel momento eterno lejos de toda realidad, en aquel sueño en el que se abre el Edén para ambos.
Ella al despertar se sentía relajada, se estiró al voltear ella miró fijamente el lado de la cama donde él se encontraba cerró los ojos y no pudo evitar morderse los labios y cerrar los ojos, luego se levantó, tomo una toalla y salió de la habitación, al regresar la vio cambiarse, quiso decirle que quería acompañarla pero ella no pudo escucharlo y se marchó.
Al anochecer él al entrar a la habitación la vio estaba vestida con un pequeño top color rosado y una braga blanca con pequeñas flores, no pudo evitar desearla, camino unos pasos y se detuvo detrás de ella, la escuchó, estaba rezando, decidió ir a la cama, se sentó en ella, al verla de espalda sentía que deseaba tomarla entre sus brazos y hacerle el amor, bajo la mirada y no pudo evitar el dolor que le causo a ella cuando hacía un año atrás él la había abandonado, todo el dolor que le había causado, las lágrimas que ella había derrochado diciendo su nombre, sintió náuseas y un hondo vacío en su pecho, se sentía tan mal consigo mismo, no sabía que hacer para borrar de su alma ese sentimiento de culpa, haría cualquier cosa, hasta regresar de la muerte de ser posible con solo verla feliz, quería que ella le perdone, estaba ahí con ella, pero ella tan distante, algo había cambiado en ella, por más que él había intentado acercarse, ella solo se distanciaba, él no se atrevía a increparla, tenía miedo que ella terminara de alejarse, de dejarlo, se puso de pie, vio que ella termino de rezar camino hacia la cama, ocupo el lado derecho de la cama y dijo -Este es tu sitio amor- con una hermosa sonrisa.
Él se acercó la miro, se acostó en la cama, en su sitio que le correspondía y le dijo
–Sabes, yo te amo, te amo tanto que si supiera que para que seas feliz he de dejarte, sabes lo haría-
Ella volteo mirando su lado de cama donde él estaba y dijo
-imagino que ahora querrás leer o te conectaras-
Él la miro y le responde –No, no, esta noche deseo que hablemos, que recuperemos o intentemos recuperar lo que hemos perdido producto del silencio, de la distancia, recuerdas, solíamos dialogar mucho, solíamos hablar de todo y eso nos llevaba a reír de cada cosa…-
En ese momento ella giro al otro de la cama lado diciendo –No importa Ju, yo te esperaré como todas las noches con amor, amor-
Él la queda mirando y le dice -¿Cómo, acaso no me escuchas?, demonios estoy acá mírame, tócame, porque eres tan fría y distante, per-do-na-me no quise hacerlo, crees que quise hacerlo, respóndeme, di algo- se puso de pie cuando ella volteo y se quedó mirando el techo, empezó a morderse los labios y dijo –Ju, ¿porque?-
-¿Porque?, dime algo ¿cuantas veces debo pedir disculpas? … yo siento que me agoto, siento que pierdo las fuerzas y sabes te necesito mucho, yo…-
Mientras había estado hablando pudo ver donde ella había estado de pie minutos antes, se acercó, vio objetos personales como lápiz labial, perfumes, cajas musicales –son tus preferidas- pensó, vio su foto, una flor y una vela.
Camino entristecido hacia la cama no podía soportarlo, cada vez que leía
A la memoria de Ju a un año de su muerte
de parte de su amada esposa
Se puso de rodillas en el suelo apoyando sus manos en la cama, la miro y se puso a llorar y le dijo –Perdóname no quise dejarte, perdóname-
Ella mirando al techo le dijo –Estoy acá esperándote amor, ven pronto- cerró los ojos dio media vuelta y él de pie esperando el momento en que ella duerma y puedan al fin mirarse, puedan sentirse, escucharse, decirse cuanto se extrañan, hablar de tantas cosas, en aquel momento eterno lejos de toda realidad, en aquel sueño en el que se abre el Edén para ambos.
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