Hay relatos breves otros largos, unos tienen final, otros esperan una conclusión y otros simple y llanamente no tienen final, este siguiente relato me parece ser de los últimos.
Cuando yo tenía 5 años soliamos ir con mis amigos a jugar a unos cerros que protegian al pueblo en donde vivia, ese pueblo se llama Cajacay, ya saben solíamos hacer niñerias, como jugar a la guerra, destripar a un sapo, curiosar lo que la naturaleza nos ofrece, cazar aves y esas cosas, como dije, vivía en un pueblo pequeño carente de televisión donde pude desarrollar mi imaginación a base de barro, palos y piedras, bueno, la cuestión es que en una de esas exploraciones amicales conocí a un anciano, muy gentil que nos enseñaba a hacer cosas como atrapar palomas, pescar renacuajos y nos contaba historias sin tiempo y yo sentia mucha fascinación y estima por este anciano y he de confesar que sentía que este anciano era muy atento conmigo en especial cuando una vez me dijo delante de todos que yo le resultaba un niño diferente.
Bueno en una de nuestras salidas decidimos ir al cementerio a jugar, lo hicimos por curiosidad y por ese afán aventurero de todo niño, mientras corriamos por el cementerio riendo, arrancando las flores marchitas y arrojándonoslas haciamos ruido, de pronto apareció frente a nosotros una mujer, joven pero de la cual podíamos ver que no era de carne y hueso y digo esto por que notamos que flotaba en el aire y su figura ondulaba y por momentos era traslúcida, no gesticulaba palabra alguna, vimos su rostro, era un rostro inconcluso, nos quedo claro que era un fantasma, si, lo que acabas de leer, ¿qué cómo un grupo de niños carentes de televisión saben que están frente a un fantasma? muy sencillo, por los mayores, ellos contaban muchos encuentros con fantasmas, la reacción de unos de mis amigos fue arrojarle una piedra y todos lo seguimos para luego salir huyendo del cementerio, por unos dias nos resistimos a salir pero luego fuimos a pasear como siempre por los cerros y ya no volvimos a ver al anciano, yo nunca más lo he vuelto a ver.
Cuando tenía 28 años fui a trabajar a Celendin, ahí conoci en un pueblo enclavado en el olvido a un chamán, un chamán judío, asi lo defino ahora, la cuestión fue que lo conocí en el mes de Marzo, yo tenia el dedo medio de la mano izquierda inflamada desde el mes de Diciembre, debido a que en una borrachera me doble dicho dedo y lo tenia inflamado desde entonces, él noto mi dedo inflamado y me dijo que me ayudaria, yo me burle dado que habia probado con antiinflamatorios y la inflamación no habia bajado por meses y bueno, para mofarme de él de sus practicas y sus creencias lo deje curarme, tomó mi dedo con sus manos y comenzó a hablarme, me dijo que yo tenia una vibra negativa pero que era de buenos sentimientos y esas cosas, yo claro me burlaba, de pronto al cabo de unos minutos suelta mi dedo y me dice
-ya estas curado-
Entonces yo miro mi mano, en especial mi dedo y comienzo a moverlo y no me dolia y ya no estaba inflamado, él me miró y me sonrie y antes de irse me dice:
-La muchacha que despertaron y asustaron con su bulla y las piedras era la hija de aquel anciano, ud. lo decepcionó, si alguna vez regresa, pídale disculpas, él entenderá-
Enfrentarnos a nuestros demonios implica regresar al inicio y saben muchas veces no estamos dispuestos y otras no sabemos como, y si preguntas qué si creo en fantasmas, si, si creo en fantasmas, porque yo conocí al menos a dos y hable con uno, aunque esa sea en mi vida una historia hasta hoy sin final.
No hay comentarios:
Publicar un comentario