domingo, 29 de julio de 2012

Lucrecia no perdona




La adolescente que llevaba la bandera marchaba con la mirada fija en el horizonte, la seguían 3 adolescentes menos concentradas que giraban la cabeza a todos lados, luego detrás de ellos dos batallones conformados por los docentes, seguidos por el batallón conformado por los alumnos y finalmente la banda de músicos.


Venían del desfile cívico escolar y se dirigían al colegio, tratando de mostrar civismo en cada paso, esta marcha de civismo que sea bueno decirlo había tomado muchas horas de práctica, con la sola idea de que el día de la marcha sean nombrados como el mejor colegio.

Entre los alumnos se podía ver que ya todos apresuraban la marcha con tal de llegar lo más pronto posible al colegio y poder al fin dirigirse a sus casas y poder iniciar sus vacaciones de medio año, entre esos adolescentes estaba Lucrecia una quinceañera que habría pasado desapercibida en un colegio de ciegos o de mudos (dicho por ella misma) pero como no pudo ser admitida tuvo que recalar en un colegio en donde inevitablemente llamaba la atención por ser como era. Y no es que Lucrecia fuese una adolescente poco atractiva, más por el contrario tenía una belleza muy especial, era que mientras sus amigas hablaban de las estrellas de Hollywood ella prefería hablar de las estrellas que habitan el universo, mientras los jóvenes hablaban de fiestas ella hablaba de aquelarres, ellos hablaban de la chica más bonita del colegio y ella criticaba al colegio, como se puede ver había siempre un desfase entre lo que habitualmente se hablaba y de lo que ella hablaba, pero eso no fue impedimento para que Lucrecia socializara, pudo congeniar con casi todos, siempre fue respetada por lo que no tuvo contratiempos ni peleas, solo que como ella misma reconocería con los años, nadie se hubiera atrevido a apoyarla por pensar diferente, como dice ella -los jóvenes por naturaleza solo son capaces de ver con los ojos y sentir con la piel-, pero tampoco esto fue impedimento para que ella pudiera conocer el amor o lo más cercano al amor en plena adolescencia, dado que tuvo un par de experiencias, pero como ella sostiene todas esas experiencias se tradujeron en enseñanzas mediocres pero útiles.

A todas estas experiencias Lucrecia llama “dosis de vida para ser adicto a la vesania”

Lucrecia marchaba cual soldado no porque le agradase hacerlo, todo lo contrario, odiaba marchar, días antes se había puesto a patear la pared de su casa o cualquier objeto duro que encontrase con tal de lesionarse y no poder marchar, prefería tener una bota de yeso por quince días a estar marchando por tres horas, pero como no había logrado lesionarse solo tuvo la ocurrencia de disfrutar cada segundo de aquel desagradable día, una forma de estar en contacto con aquella parte que iba conociendo de sí misma y sintiendo hasta que punto podría controlarla.

El batallón se detuvo en una esquina y Lucrecia seguía marchando en su propio sitio odiándose a sí misma, odiando la marcha, odiando a los carros que no le permitían llegar al colegio, odiando al colegio, odiando al día patrio, odiando a sus compañeros, todo lo que estuviese a su alcance en ese momento lo odiaría, miró a su alrededor con ira, sus compañeros reían, levantó la mirada y vio un balcón a continuación una puerta de rejas y detrás de ella había un hombre que lavaba su ropa, Lucrecia lo quedó mirando detenidamente, algo en el interior de ella se activó, al ver a aquel sujeto mientras lavaba sintió una extraña fuerza que la empujaba a no dejar de verlo, estaba ahí de perfil lavando su ropa, no supo que era lo que realmente le estaba pasando, segundo antes odiaba todo y ahora en ese momento sentía que había hecho bien en ir a marchar, estaba confundida, como era posible que eso ocurriese en escasos segundos, dejó de marchar porque frente aquel desconocido que por casualidad del destino se quedó observando a los escolares por un instante y al sentirse observada por él se sentía como una tonta, ahora ya no odiaba ese momento, sino que ahora sentía vergüenza por estar marchando, algo en ella estaba ocurriendo y no sabía de que se trataba, era algo diferente, algo nuevo, no hallaba forma de explicarse que era lo que realmente le estaba pasando, el batallón inició la marcha y Lucrecia solo caminaba, mientras se alejaba pensaba en lo que le había pasado, se puso a buscar una respuesta en su mente y recordó que su madre y las amigas de su madre le habían hablado de la “intuición femenina” ella ignoraba lo que era eso, solo las escuchaba y ella siempre tenía la impresión de carecer de dicha intuición, pero en ese momento estaba segura que era su “intuición femenina” que se había activado, por alguna razón que ella desconocía aquel sujeto había generado que ella desarrollase en segundos su intuición o que al fin se conocieran, como fuese esa es la respuesta, en eso pensaba, entonces supo que tenía que conocerlo, era necesario para ella conocerlo porque le quedaba claro que él le daría muchas respuestas, respuestas a muchas interrogantes que albergaba y a otras que desconocía, si, cada vez se convencía que era así, cuando estuvo segura que su intuición la empujaba a conocerlo, ni bien llegaron a la escuela, salió rauda a buscarlo, dejando atrás a las amigas que la llamaban para que fueran juntas a pasear por la ciudad o ir a la playa.

Caminó sin pensar solo sintiendo que debía conocerlo, saber la razón porque tenía que conocerlo, cuando ya estaba frente a la casa lo vio venir con un periódico en una mano y hablando con el celular con la otra, entonces comenzó a caminar más despacio, en ese momento se convenció que el destino le estaba ayudando para conocerlo y ella no desaprovecharía esa oportunidad, lo vio detenerse y caminó lentamente hacia él, cuando estuvo a escasos pasos de él pudo escucharlo:

-Ya terminé de lavar mi ropa y ya compré el periódico, si gustas te voy a recoger o vienes a verme, no sé, cómo tú gustes amor-

De pronto en su mente se repitió a sí misma –¿Amor?, ¿a quién llamas amor?-

No pudo evitar su cólera y al pasar junto a él lo empujó y aquel sujeto sorprendido volteó y le dijo
–Perdón-

Ella ni lo miró solo empezó a caminar más rápido y mirando al suelo pensaba -¿perdón?, que te perdone tu abuela desgraciado, que yo jamás te perdonaré-




sábado, 28 de julio de 2012

Lluvia




Al abrir la puerta se detuvo un instante y miró la calle, vio a las personas corriendo tratando de protegerse de la lluvia que empezaba a caer, le pareció tan cómico lo que observaba que no reparó en darse cuenta que la lluvia comenzaba a mojar la entrada del local hasta que un empleado se le acercó y le pidió que cerrara la puerta. Esbozando una sonrisa pidió disculpas y salió de la librería, ya en la acera miro al cielo y este estaba cubierto de nubes, sintió las gotas que golpeaban su rostro, cerró los ojos y abrió la boca y bebió algo de la lluvia, luego caminó hacia el paradero, en el cual estaba un tipo que trataba en todo momento que la lluvia no lo moje, le dio la impresión que dicho sujeto sería capaz de subirse a la banca del paradero con tal de que sus zapatos no se mojen pero por cobardía o por no generar habladurías (¿de qué personas?... si la calle estaba desierta) no se atrevía, y de solo pensar cual de ambas sería la razón por la cual dicho sujeto hiciera aquella extraña danza para evitar mojarse los zapatos le causaba mucha gracia.


El paradero se encontraba a escasos metros de una escalera que formaba parte de un puente peatonal, tenía un pequeño techo donde se podía ver una publicidad, luego una banca y dos paneles de publicidad a los costados. Se puso al otro lado de la banca, llevaba en la mano una bolsa con unos libros que recién había comprado, el lugar que escogió no lo protegía del todo de la lluvia, volvió a mirar a su casual compañía y este sujeto seguía mirando con mucha preocupación como sus zapatos se iban empapando cada momento más, tuvo que voltear a otro lado para no reírse delante de aquella persona, luego optó por sacar un cigarro, lo prendió y se puso a fumar, siempre disfrutaba fumar bajo la lluvia, era una costumbre que conservaba desde su adolescencia.

Cuando terminó de fumar arrojó la colilla, vio pararse un taxi frente a él, su primer impulso fue tomarlo pero al ver a su acompañante y el rostro de desesperación que tenía al ver que podría seguir ahí mojándose los zapatos mientras esperaba a otro taxi, con una sonrisa le invitó a tomarlo, aquel sujeto se lo agradeció, subió al taxi y el taxi se perdió tras la lluvia.

Notó que la lluvia arreciaba y ya comenzaba a sentir frio, cruzó sus brazos para calentarse y siguió mirando la calle desierta cubierta de la lluvia le pareció un paisaje bello, escuchó una voz maldiciendo, giró levemente el rostro y vio a una mujer se quedó helado al verla, ella no se acercó al paradero sino que siguió caminando rápidamente con su bolso que lo llevaba sobre su cabeza, una forma de protegerse de la lluvia, a él le pareció gracioso, pensó para sí mismo que ella no había cambiado, no la había visto en un par de meses y al verla se alegró pero a la vez sintió una estocada en el pecho, cerró los ojos, respiró hondo luego volvió a mirar a aquella mujer que segundos antes había reconocido, la vio de espaldas alejarse y entonces no supo si era aquella mujer que meses atrás había sido su vida o simple y llanamente era que la confundía como muchas veces antes ya había pasado, entonces sin pensarlo se lanzó a seguirla, pensó que cuando esté frente a ella no sabría que decirle, eso era lo de menos, lo que le importaba era poder hablarle, preguntarle cómo le ha ido, deseaba volver a tener comunicación con ella, luego que pase lo que tenga que pasar, pero si podía aportar algo para un nuevo destino lo haría sin titubear, caminó aprisa tras ella, reconoció su andar, en su mente la escuchaba vociferar todas las maldiciones habidas y por haber y todo por estar caminando bajo la lluvia, imaginó el rostro de sorpresa de ella cuando estén frente a frente, la escucharía decir que odia la lluvia, luego diría algún comentario por el cual ambos reirían, o sólo él reiría, así no haya entendido el comentario, él la llevaría a un lugar donde ambos estén protegidos de la lluvia, empezaría entre ambos una charla discreta, formal y muy superficial, donde hablarían del trabajo, novedades de uno que otro amigo en común, luego ella optaría por marcharse a pesar de la lluvia, o dejaría de llover y tendría que marcharse o en el mejor de los casos irían a un café a seguir platicando, luego claro se despedirían después de haber reído y haber tocado sutilmente un período en la vida de ambos, pensó que si lograba concertar una nueva cita era una buena señal, imaginaba que en esa segunda cita él le diría todo lo que sentía, sabía que palabras decirle y como decirlas, le comentaría su vano intento de tratar de olvidarla, que siempre la tuvo presente porque la llevaba dentro de él, no la había sacado de su alma ni de su pensamiento, el sudor de ella aún seguía impregnado en la piel de él, eso lo sabía muy bien dado que cuando cerraba los ojos y se ponía a olerse podía distinguir claramente que su cuerpo conservaba esos ríos de sal y saliva dejados por ella, los podía oler, le comentaría sobre aquel romance virtual que llegó a tener y que le duró unas horas, ella le diría “los amores virtuales es amar de forma virtual algo que es real, desde ya es un intento virtual por tener algo real y duradero, es un intento pseudoreal fallido" y él le daría la razón, porque siendo sincero consigo mismo, él había estado muy lejos de saberse feliz hasta que la volvió a ver, luego le pediría que omita todo comentario sobre si conoció a alguien en esos meses de separación, se conocía lo celoso que era y quién sabe ella aún recordaría ese detalle y por lo tanto no se atrevería a decirle si salió con alguien, pero si ella callaba, él lo interpretaría como que ella le estaba omitiendo ciertas cosas y se sentiría engañado y eso sí que sería peor, porque él detestaba las mentiras por más albinas que fueran. Algo ya le quedaba claro mientras pensaba en ese punto, él era un sujeto muy difícil de satisfacer, pero no importaba, ella lo conocía y sabría que decirle en el momento adecuado, así pensaba en el momento en que ella de pronto se detuvo, vio como la puerta de un carro se abría, ella bajaba el bolso que le cubría la cabeza, abría los brazos y sonreía, luego subió a prisa y se sentó en el asiento del copiloto, besó en la boca al hombre que estaba conduciendo y la escuchó decir un comentario del cual rieron o creyó escucharla ya que solo la vio hablar, él siguió caminando como si no los hubiera visto ni la hubiera escuchado, el carro se puso en marcha, él se detuvo y volteó lentamente, pudo ver como el auto se perdía tras doblar una esquina, la lluvia había parado, las personas lentamente empezaban a poblar las calles, entonces él empezó a correr sin importarle si sus pasos le llevaban a pisar los charcos, solo corría porque en su rostro empezaba a caer una lluvia diferente.






miércoles, 4 de julio de 2012




Tu eres mi casa en el borde de los cielos

yo soy el fuego que cumple tus deseos

la piedra que duerme en tu silencio

el aire que busca tu presencia




Gonzalo Villar