sábado, 28 de julio de 2012

Lluvia




Al abrir la puerta se detuvo un instante y miró la calle, vio a las personas corriendo tratando de protegerse de la lluvia que empezaba a caer, le pareció tan cómico lo que observaba que no reparó en darse cuenta que la lluvia comenzaba a mojar la entrada del local hasta que un empleado se le acercó y le pidió que cerrara la puerta. Esbozando una sonrisa pidió disculpas y salió de la librería, ya en la acera miro al cielo y este estaba cubierto de nubes, sintió las gotas que golpeaban su rostro, cerró los ojos y abrió la boca y bebió algo de la lluvia, luego caminó hacia el paradero, en el cual estaba un tipo que trataba en todo momento que la lluvia no lo moje, le dio la impresión que dicho sujeto sería capaz de subirse a la banca del paradero con tal de que sus zapatos no se mojen pero por cobardía o por no generar habladurías (¿de qué personas?... si la calle estaba desierta) no se atrevía, y de solo pensar cual de ambas sería la razón por la cual dicho sujeto hiciera aquella extraña danza para evitar mojarse los zapatos le causaba mucha gracia.


El paradero se encontraba a escasos metros de una escalera que formaba parte de un puente peatonal, tenía un pequeño techo donde se podía ver una publicidad, luego una banca y dos paneles de publicidad a los costados. Se puso al otro lado de la banca, llevaba en la mano una bolsa con unos libros que recién había comprado, el lugar que escogió no lo protegía del todo de la lluvia, volvió a mirar a su casual compañía y este sujeto seguía mirando con mucha preocupación como sus zapatos se iban empapando cada momento más, tuvo que voltear a otro lado para no reírse delante de aquella persona, luego optó por sacar un cigarro, lo prendió y se puso a fumar, siempre disfrutaba fumar bajo la lluvia, era una costumbre que conservaba desde su adolescencia.

Cuando terminó de fumar arrojó la colilla, vio pararse un taxi frente a él, su primer impulso fue tomarlo pero al ver a su acompañante y el rostro de desesperación que tenía al ver que podría seguir ahí mojándose los zapatos mientras esperaba a otro taxi, con una sonrisa le invitó a tomarlo, aquel sujeto se lo agradeció, subió al taxi y el taxi se perdió tras la lluvia.

Notó que la lluvia arreciaba y ya comenzaba a sentir frio, cruzó sus brazos para calentarse y siguió mirando la calle desierta cubierta de la lluvia le pareció un paisaje bello, escuchó una voz maldiciendo, giró levemente el rostro y vio a una mujer se quedó helado al verla, ella no se acercó al paradero sino que siguió caminando rápidamente con su bolso que lo llevaba sobre su cabeza, una forma de protegerse de la lluvia, a él le pareció gracioso, pensó para sí mismo que ella no había cambiado, no la había visto en un par de meses y al verla se alegró pero a la vez sintió una estocada en el pecho, cerró los ojos, respiró hondo luego volvió a mirar a aquella mujer que segundos antes había reconocido, la vio de espaldas alejarse y entonces no supo si era aquella mujer que meses atrás había sido su vida o simple y llanamente era que la confundía como muchas veces antes ya había pasado, entonces sin pensarlo se lanzó a seguirla, pensó que cuando esté frente a ella no sabría que decirle, eso era lo de menos, lo que le importaba era poder hablarle, preguntarle cómo le ha ido, deseaba volver a tener comunicación con ella, luego que pase lo que tenga que pasar, pero si podía aportar algo para un nuevo destino lo haría sin titubear, caminó aprisa tras ella, reconoció su andar, en su mente la escuchaba vociferar todas las maldiciones habidas y por haber y todo por estar caminando bajo la lluvia, imaginó el rostro de sorpresa de ella cuando estén frente a frente, la escucharía decir que odia la lluvia, luego diría algún comentario por el cual ambos reirían, o sólo él reiría, así no haya entendido el comentario, él la llevaría a un lugar donde ambos estén protegidos de la lluvia, empezaría entre ambos una charla discreta, formal y muy superficial, donde hablarían del trabajo, novedades de uno que otro amigo en común, luego ella optaría por marcharse a pesar de la lluvia, o dejaría de llover y tendría que marcharse o en el mejor de los casos irían a un café a seguir platicando, luego claro se despedirían después de haber reído y haber tocado sutilmente un período en la vida de ambos, pensó que si lograba concertar una nueva cita era una buena señal, imaginaba que en esa segunda cita él le diría todo lo que sentía, sabía que palabras decirle y como decirlas, le comentaría su vano intento de tratar de olvidarla, que siempre la tuvo presente porque la llevaba dentro de él, no la había sacado de su alma ni de su pensamiento, el sudor de ella aún seguía impregnado en la piel de él, eso lo sabía muy bien dado que cuando cerraba los ojos y se ponía a olerse podía distinguir claramente que su cuerpo conservaba esos ríos de sal y saliva dejados por ella, los podía oler, le comentaría sobre aquel romance virtual que llegó a tener y que le duró unas horas, ella le diría “los amores virtuales es amar de forma virtual algo que es real, desde ya es un intento virtual por tener algo real y duradero, es un intento pseudoreal fallido" y él le daría la razón, porque siendo sincero consigo mismo, él había estado muy lejos de saberse feliz hasta que la volvió a ver, luego le pediría que omita todo comentario sobre si conoció a alguien en esos meses de separación, se conocía lo celoso que era y quién sabe ella aún recordaría ese detalle y por lo tanto no se atrevería a decirle si salió con alguien, pero si ella callaba, él lo interpretaría como que ella le estaba omitiendo ciertas cosas y se sentiría engañado y eso sí que sería peor, porque él detestaba las mentiras por más albinas que fueran. Algo ya le quedaba claro mientras pensaba en ese punto, él era un sujeto muy difícil de satisfacer, pero no importaba, ella lo conocía y sabría que decirle en el momento adecuado, así pensaba en el momento en que ella de pronto se detuvo, vio como la puerta de un carro se abría, ella bajaba el bolso que le cubría la cabeza, abría los brazos y sonreía, luego subió a prisa y se sentó en el asiento del copiloto, besó en la boca al hombre que estaba conduciendo y la escuchó decir un comentario del cual rieron o creyó escucharla ya que solo la vio hablar, él siguió caminando como si no los hubiera visto ni la hubiera escuchado, el carro se puso en marcha, él se detuvo y volteó lentamente, pudo ver como el auto se perdía tras doblar una esquina, la lluvia había parado, las personas lentamente empezaban a poblar las calles, entonces él empezó a correr sin importarle si sus pasos le llevaban a pisar los charcos, solo corría porque en su rostro empezaba a caer una lluvia diferente.






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