Iba seguido, se sentaba a la orilla, donde las olas delicadamente acariciaban sus pies, leía en voz alta y se la escuchaba reír, hablar, los moradores de aquella pequeña caleta la llamaban “la novia del mar”, porque luego de leer y dialogar con el mar solía entrar al mar y daba la impresión que acariciaba al mar cuando pasaba sus manos por las olas, con tanta delicadeza, con tanto cariño y lo más curioso o extraño de todo era que el mar la acariciaba con o a través de sus olas como si fueran sus brazos, en aquellos momentos ya los moradores de la caleta habían dejado de hacer sus cosas y escondidos contemplaban como el mar y ella se abrazaban.
Lo que las personas de la caleta no saben o pasaron por alto, es que tiempo atrás ella visitaba aquel pedazo de playa acompañada de un hombre, solían leer, jugar, hablaban, pensaban y lograban compartir el silencio, si alguien les hubiese prestado atención hubiera visto en ellos la felicidad, más una mañana él decidió entrar al mar, ella al principio se opuso, lo abrazo por la cintura, le lloró, le pidió que no lo haga y él se quedó sentado a orillas del mar, lo vio triste, lo quería tanto que verlo así le rompía el corazón, entonces haciendo un lado sus deseos le dijo que podía ingresar, él saltó de alegría, le tomó con sus manos el rostro, le dijo que cuando quisiera ella le podría visitar y que siempre estaría ahí para ella, que en las olas podría ella leer como estaba, podría saber como se sentía, luego camino hacia el mar, por un momento se atrevió a seguirlo más luego se arrepintió y cuando quiso verle las olas ya lo habían llevado al lugar al cual ella se negó ir, ese día ella lloró, lloró por la ausencia de él, por su cobardía, por sus ganas de vivir, lloró, así de simple.
Una mañana ella llegó como de costumbre, ésta vez venía sin un libro, vestida de blanco se quedó contemplando el mar, le habló algunas cosas y luego ingresó al mar, se acariciaron ante uno que otro voyeur, luego ella depositó en las olas una pequeña botella, salió del mar, le sonrió y se marchó, el mar con una de sus olas abrió aquella botella, con otra ola sacó el papel que contenía y con una tercera ola dejó una estrella de mar sobre aquel papel mojado que decía:
-Estoy enamorada, deséame suerte-
Cuentan los pescadores que desde aquel día que la novia del mar se marchó y no ha regresado, desde ese dichoso día la caleta, aquella porción de mar ya no tiene olas, se le ve calmo, las personas que lo visitan dicen que parece una piscina que es muy hermoso y que las estrellas de mar que arroja son hermosas, pero los moradores con tristeza sostienen que es un mar triste, otros dicen que es un mar muerto y otros, que impregnan algo de esperanza a la historia, sostienen que el mar espera que su novia regrese para poder alzar sus brazos y abrazarla a través de sus olas.
En la caleta esperan que algún día regrese la novia del mar para poder ver al mar feliz, ver sus olas nuevamente alzarse en el horizonte, mientras la esperan, escuchan el silbido o canto triste del mar y contemplan los deseos de aquel mar enamorado a través de las estrellas de mar.
Lo curioso es que cuando los visitantes sostienen que dicha caleta es una porción del Edén los pescadores sólo agregan:
-Entonces, hay tristezas bellas-


Espantosa repetición de palabras innetendible hacia donde se pretendió llegar
ResponderEliminarAgradezco su opinión y sobre todo su observación, en cuanto a donde pretendí llegar no viene al caso decirlo por dos razones, primero porque pensé que el relato lograba mostrar el período ecológico/humano que estoy atravezando, y segundo porque si -el relato- no logró mostrarme, entonces puedo decir que hay algo mío que pasa desapercibido ante los ojos de algunas personas y eso es para mí algo realmente bueno, dado que me hace sentir como si fuera un objeto más del paisaje... y eso aunque no sé si lo entienda es libertad.
EliminarLa idea muy hermosa como todo lo que escribe. Es verdad, hay un poco de repetición de la palabra MAR, pero un poco agresivo el comentario anterior.Siga escribiéndo y continue perfeccionandose para poder disfrutarlo con mayor orgullo y gusto.Le sigo desde hace unos dos anos y cada día lo hace mejor.
ResponderEliminarUn amigo desde Alemania.
Sabe, yo desde tiempo atrás cuando revisaba el blog mé sorprendía que alguien desde Alemania me lea, pero ahora que se mostró y para decirme que le agrada lo que escribo, en verdad que ud. me ha hecho sentir muy bien, le agradezco sus palabras y seguiré con este pasatiempo que como somos testigos es algunas veces inentendible, pero cuando gusta, continua, la razón es simple, en esta vida nadie te bajará del vagón en el cual estás a gusto, así el viaje no tenga destino.
EliminarPara el primer comentario cargado de muy mala leche, le digo que se escribe inentendible....con una sola N....Y para el escritor, revise más de una vez la gramática para que podamos seguir disfrutando. Me gustó el cuento, y no tiene que dar tanta explicación de a dónde ha querido llegar,,, es lo que hay y punto. En este blog se aceptan toda clase de críticas, pero no almas en estado de aburrimiento e infelicidad. Vale?.
ResponderEliminarPor sí las dudas, el escritor no me paga!.
Bien ahi en la correción del error " inentendible". No pensó que tal vez estuvo hecho intencionalmente para ver si lo descubría? Escribir es un arte escribir es otra cosa ........... fin finito
EliminarJajjajaa,,,así que ahora va de Sherlock Holmes?? Que tonterías decis...
ResponderEliminar“Annabel Lee” (Santiago y Luis Auserón, La Canción de Juan Perro, 1987)
ResponderEliminarHace muchos muchos años en un reino junto al mar
habitó una señorita cuyo nombre era Annabel Lee
y crecía aquella flor sin pensar en nada más
que en amar y ser amada, ser amada por mi.
Éramos sólo dos niños mas tan grande nuestro amor
que los ángeles del cielo nos cogieron envidia,
pues no eran tan felices ni siquiera la mitad,
como todo el mundo sabe, en aquel reino junto al mar.
Por eso un viento partió de una oscura nube aquella noche
para helar el corazón de la hermosa Annabel Lee.
Luego vino a llevársela su noble parentela
para enterrarla en un sepulcro en aquel reino junto al mar.
Nuestro amor era más fuerte que el amor de los mayores
que saben más como dicen de la historia de la vida.
Ni los ángeles del cielo ni los demonios del mar
separarán jamás mi alma del alma de Annabel Lee.
No luce la luna sin traérmela en sueños
ni brilla una estrella sin que vea sus ojos
y así paso la noche acostado con ella,
mi querida hermosa, mi vida, mi esposa.
En aquel sepulcro junto al mar,
en su tumba junto al mar ruidoso…