Yo no recuerdo cuando conocí a Lucrecia y estoy convencido que Lucrecia diría que me equivoco al decir cuando y como nos conocimos, les diré, recuerdo que la primera vez que la vi fue en un concierto de rock subterráneo en una segunda planta de una casona frente a la plaza mayor de Trujillo, ahí fue que conocí a Lucrecia en medio de marihuana, alcohol, música y amigos, y luego –según yo- la volvería a ver a los pocos días cuando corría tabla en Huanchaco, pero claro, ella dirá que fue al revés, de ambos encuentros ella y yo coincidiremos en decir que no pasamos del saludo. La primera vez que tuvimos una conversación -corta, pero conversación al fin- fue cuando yo pregunté el por qué teníamos una misa negra en la sala de una casa y no en un cementerio, por ésta interrogante fui expulsado de aquella sociedad creyente y adoradora de Satán por irrespetuoso y hereje, Lucrecia salió de entre las sombras me alcanzó y me dijo que tenía razón y que ambos deberíamos ir al cementerio y tener una misa negra como se estila, así fue que nos embarcamos en un taxi hasta el cementerio e iniciamos una misa negra entre ambos, dicha misa negra fue suspendida inesperadamente no por Cerbero y sus semejantes, sino por los perros del celador del cementerio, ya en la calle en medio de risas nos despedimos.
Una tarde fui a visitar a unos amigos y uno de mis amigos nos pidió que le acompañáramos a la casa de una chica que estaba pretendiendo, así fue como acompañamos a mi amigo para darle un apoyo moral, de género y para ver que tal estaban la musa y sus amigas. Grande fue mi sorpresa al encontrarme en aquella casa con Lucrecia, no la había visto desde nuestra última aventura en el cementerio y de eso ya hacía como 2 ó 3 semanas atrás. Lucrecia como siempre tomó la iniciativa, al sentarse junto a mí me dijo:
-No entiendo porque el Universo se esfuerza siempre en cruzar nuestros caminos, pero quiero descubrirlo, así que ésta noche, ni se te ocurra moverte de mi lado-
Yo con una risa medio nerviosa, media asustada le respondí:
-Según Wilkie Collins lo que vaya a ocurrir entre un hombre y una mujer, es la mujer la que lleva la voz cantante-
Ella me miró, y me dijo –saliste lector- después de mirarme detenidamente comenzó a hablarme de las cosas que les gustaban. Y la noche transcurrió tranquila y amena para ambos a tal punto que nos olvidamos del resto. Cuando salimos de la discoteca (no recuerdo cómo fue que fuimos) me pidió mi número de teléfono, se lo di, me dio el suyo, me llamaría a las pocas horas para decirme si me había percatado en qué momento su prima se fue con otro de mis amigos y no con él que supuestamente iba camino a ser el enamorado, le respondí que no me había dado cuenta y empezamos a reírnos de lo sucedido, en especial de mi amigo que nos invitó a que le diéramos valor para declararse y resulta que otro le quita la chica. Luego nos citaríamos para vernos otro día y así entre visitas y llamadas telefónicas pasaron unas semanas, una noche mientras escuchábamos música me miró y me dijo:
-Ju, ¿Cuándo piensas pedirme que sea tu enamorada?-
Yo la miré y le dije –Cuando sepa que me dirás SI-
Me miró algo molesta y dijo –Pero si nunca preguntas, ¿cómo lo sabrás?-
-No lo sé, imagino que se siente, se puede ver en los ojos- le respondí
Me miró, hizo un ademan y gritó –Baahh déjalo así- luego se puso de rodillas frente a mí, me tomó el rostro con sus manos, acercó lentamente sus labios a los míos mientras cerraba los ojos, nos besamos, luego se puso de pie, mientras yo seguía sentado en el sofá, besó la yema de su dedo índice y lo colocó luego en mi frente y me dijo –Así se hace niño tonto, la felicidad se toma ya sea con delicadeza, ya sea con dureza pero se toma fundamentalmente con amor- yo sorprendido, emocionado y ya en ese momento enamorado la veía dirigirse a su cocina.
Así comencé a vivir la etapa más bonita de mi vida universitaria, solía esperarla cuando terminaba sus clases o ella me esperaba a mí, íbamos al cine, a la playa, a fiestas, escuchábamos música, platicábamos de diversos temas y hasta donde recuerdo nunca discutimos.
Lucrecia me llamó una tarde para informarme que había decidido a última hora hacer una fiesta por su cumpleaños, inicialmente había pensado que deberíamos ir de campamento pero optó por la fiesta dado que ya estábamos ad portas de rendir nuestros exámenes parciales y no podíamos descuidar nuestros estudios, para mí eso de descuidar nuestros estudios no había ningún problema, pero ella me creía estudioso y responsable, no sabía el por qué, así fue que me vi en la obligación mental de pensar que tenía que regalarle para su cumpleaños, estuve pensando por días hasta que llegó el día de su cumpleaños y para ese día el único dinero que tenía no alcanzaba ni para un peluche, entre el pago de mi habitación, las fotocopias de los libros (no tenía dinero para comprarlos) mis cigarros y mi comida, en mis bolsillos solo cabían mis dedos y aire, me daba vergüenza recurrir a mi padre (vivía en la misma ciudad que ellos, pero yo rebelde opté por mudarme y vivir solo) y ese día lamenté esa decisión, ni modo, entonces recurrí a la tienda de la señora que me alquilaba el cuarto (quedaba en la primera planta) y tras un minucioso escaneo de la misma le pedí fiado un pote de helado de un litro, papel de regalo y una cinta, luego le pedí que lo guardase en su refrigeradora y que por la noche lo recogería.
Llegada las 9pm recogí el pote de helado envuelto en papel de regalo y me embarqué a casa de Lucrecia que vivía en una zona residencial, vivía en un barrio muy “in” donde la pobreza está “out” y para llegar a su casa en carro, los vigilantes debían de tener registrado tu nombre, apellidos, placa del carro y hasta tu número de cuenta en el banco, así que para evitarme una vergüenza le dije al taxista que me dejara en la esquina y caminé unas seis cuadras aproximadamente para llegar a su casa.
Ya estando en casa de Lucrecia me abrió la puerta una amiga de ella que me saludó afectuosamente, me dijo que ella estaba en la sala con sus invitados, al llegar frente a ella, corrió hacia mí, me dio un beso y al ver mi regalo se alegró, yo le pedí que lo abriera en un lugar privado donde no haya muchas personas (tenia vergüenza que los demás vieran que solo era un pote de helado y encima fiado) así lo hizo, me llevó a su cocina y noté que lo abrió sin romper el papel de regalo, al ver de que se trataba me dijo que cuando lo comiese sentiría que yo estaba con ella, salimos de la cocina y nos dirigimos a la sala y estuvimos compartiendo con conocidos y amigos.
Como a la hora llegó un sujeto del cual no he mencionado algo hasta ahora pero que me veo en la obligación de mencionarlo, así que resumiré, era un tipo que trabajaba en un banco, cinco años mayor que nosotros (en ese entonces nosotros teníamos 20) y que creía que la conquistaría al demostrarle que él tenía dinero, trabajo, carro e impresionándola al hacerle regalos carísimos, en fin un sujeto como cualquier otro, esa noche no fue la excepción, ya habíamos tenido algún que otro encuentro pero llegaban a simples risitas burlonas por parte de él y una mirada seria y despreciativa de mi parte, a Lucrecia no le hice saber sobre esos momentos, bueno, como dije, aquel sujeto llegó a la fiesta pero lo hizo con un oso de peluche del tamaño de Goliat, enorme peluche que era trasladado por él y su amigo, detrás una torta con velas y de fondo musical un conjunto de mariachis, es decir, realmente parecía el novio, Lucrecia reía, la vi tan contenta que mis celos me los tuve que tragar y quedarme ahí a un lado, él ordenó que al oso lo sentaran, cosa que hicieron y fue gracioso ver al oso ahí sentado como un invitado más, yo en ese momento no reí, terminaron de cantar los mariachis y comenzaron a poner temas y él empezó a bailar con ella, mis amigos me miraban, hablaban de cualquier cosa, pero yo sabía que ya era la comidilla de esa noche, Lucrecia de vez en cuando se acercaba a preguntar si todo estaba bien, pero aquel sujeto la llamaba y ella iba a su encuentro, entonces supe en ese momento que el dinero no dará la felicidad pero si te deja a un paso de ella, entonces evalué el momento y noté que él había tenido detalles que digo detalles, detallazos para con Lucrecia, me era y hasta hoy me es imposible poner en un plato de la misma balanza a mi pote de helado y en el otro al oso, la torta y los mariachis, yo amaba a Lucrecia, entonces opté por una darme una dignisimavergonzosa retirada, así fue que cuando comenzó una canción y ellos bailaban en medio de aplausos y bromas de los demás yo dije que iba al baño pero realmente me dirigí a la salida, cuando abrí la puerta para irme, en ese momento llegaban la prima con un sujeto que nunca había visto, me saludo y me preguntó a donde iba y le dije que a tomar aire, ella siguió su camino, cerré la puerta y comencé a caminar, recién eran las 11pm y el camino hasta la avenida se me hacia largo, yo solo quería huir y no volver la mirada atrás y fue así que comencé a caminar y en mi mente veía a Lucrecia sonriendo, pero esas sonrisas no eran para mí sino para el otro sujeto, entristecido y derrotado le deseaba lo mejor, me alegraba saber que al día siguiente o no sé cuando comería el helado que le llevé y luego nada.
Ya había caminado dos cuadras cuando escuché que alguien me llamaba, volteé y me di cuenta que era Lucrecia que corría hacia mí, me miró, me preguntó a donde iba, le respondí que a comprar cigarros (le mentí) me miraba, miraba alrededor, me volvía a mirar, se quedó muda y sus ojos estaban acuosos y tristes, me esperé lo peor, entonces ella me pidió que la espere unos minutos, yo le dije que la esperaría y se regresó a su casa. A los pocos minutos ella estaba de regreso, la vi que traía el pote de helado en sus brazos, agaché la cabeza, imagine en milésimas de segundos que me devolvía el pote, me diría discúlpame o algo así y luego se marcharía, así que respiré hondo y dibuje una sonrisa en mi rostro, cuando ella estuvo frente a mí me pidió que la acompañe, caminamos en silencio unas cuadras y llegamos a una plazuela, ella se dirigió a una banca, se sentó, me pidió que me sentara, luego me dijo:
-Hoy es mi cumpleaños y en éste día yo deseo regalarme algo de felicidad, para eso solo necesito de tu presencia-
Sacó un par de cucharas y abrió el pote y agregó:
-Te dije que cuando comería el helado tú estarías a mi lado-
Esa noche Lucrecia y yo hablamos de muchas cosas, me enteré por ejemplo que la primera que nos vimos fue en Huanchaco (y si, yo insisto que fue en un concierto) y que le impactó lo que dije cuando regresaba luego de correr unas olas, que fue “Me gusta el surf porque en el mar soy una botella vacía que busca llenarse con un mensaje, en tierra ya soy una botella con un mensaje” también me comentó que me volvió a ver en el concierto y le impresionó que yo esté más impactado por la arquitectura y el material de la casona que por la música en sí, cuando salimos del cementerio y nos despedimos, se subió al taxi y ella recordaba que por impedir que los perros la mordieran me puse a pelear con ellos, desde el muro observaba como yo en el suelo agarraba a puñetes y trataba de patearle los testículos a un doberman y a la vez otro perro me mordía las orejas y yo no me atreví a darle un puñete a dicho perro porque era un perro enano y seguía peleando con el doberman, ella iba recordando eso en el taxi cuando iba camino a su casa, en medio de sus risas el taxista le dijo que ella estaba enamorada y ella solo se reía, también me enteré que después de aquella vez me volvió a ver en su salón de clases, pues si, aunque parezca extraño e ilógico pero mi curso fue a dar examen de estadística al aula donde estaba Lucrecia y sus compañeros rindiendo examen, ocurre que mi catedrático también enseñaba a su carrera y decidió tomar un examen a ambas carreras juntas, el examen estaba programado para 2 horas y yo lo resolví en 20 minutos, cuando yo salí del aula y tras revisar el examen nuestro profesor dijo que el examen lo había hecho muy fácil dado que alguien lo había resuelto de forma aprobatoria en pocos minutos, también descubrí que Lucrecia conocía mi gusto por las mochilas, me había contado 4 modelos diferentes y que yo tenía como preferida a una tejida de lana, así que cuando me vio en casa de su prima supo que era el momento para por fin no separarnos.
Esa madrugada hablamos, reímos, bailamos, comimos helado, nos besamos, nos amamos y el alba nos encontró, a Lucrecia dormida, recostada en mi pecho y abrigada por mis brazos, mientras que yo olía su cabello y me mantenía en vigilia, cuando despertó me pidió que nunca la deje de amar, yo le dije que imaginara todo el helado del mundo y que supiese que mi amor era mil, un millón, que va un trillón de veces más grande, mi amor era inagotable, entonces Lucrecia sonriendo me dijo que si engordaba de amor sería porque es feliz.
Saben, ahora cuando alguien me habla del amor y de sus detalles, yo suelo decir que son variados que sólo basta de la imaginación y listo, pero pocas veces o casi nunca viajo a mi pasado, pero cuando lo hago -como es en ésta ocasión- suelo abrir ciertos baúles que tengo cerrados, ahora abrí el de Lucrecia, el en su interior contiene un manantial el cual brilla, en el cual puedo ver reflejado más de un bello detalle de amor, detalles que se eternizan en el alma, puedo ver en aquel reflejo una plazuela, una banca, el amanecer, los primeros rayos del sol, dormida Lucrecia, el helado y yo.

Que triste me he quedado....pero siempre vale la pena seguirte.
ResponderEliminar¿por qué triste?
Eliminar