jueves, 17 de enero de 2013

Dime que sabes nadar






El brillo del sol en el oleaje era como ver un cielo con miles de estrellas danzando, una figura se deslizaba en aquel cielo estrellado del atardecer, jugaba, nadaba, se sumergía bajo las olas que reventaban y salía luego detrás de ellas y siempre sonriendo. Ella que recién había despertado de un sueño prolongado lo buscó con la mirada, se comenzaba a poner nerviosa porque no le encontraba pero al ubicarlo y verle como jugaba cual niño en el mar se tranquilizó.

Él la vio y decidió salir del mar, camino a ella con una sonrisa, luego se sentó a su lado y le dijo:

-Deberías nadar el agua está helada, está muy rica-

Ella lo miró, sacó un paquete de cigarros, extrajo un cigarro, lo prendió, dio una calada y le dijo:

-Eres un desconsiderado, llevas 3 horas metido en el mar y en ningún momento te quedaste conmigo-

Él la quedó mirando y le dijo:

-El mar es para mí muy especial, pero sabes lo prefiero en otoño e invierno-

-Para mí también lo es- dijo ella.

-Te diré mi idea con respecto al mar- dijo él –yo veo al mar como si fuera la vida misma, en donde naces y te sumerges, en donde transitas, en donde crees estar en el mismo sitio pero no es así, en donde la vida te golpea con sus olas, te revuelca pero está en ti tener la capacidad de poder ponerte de pie y hacer frente al nuevo oleaje y entonces las nuevas olas ya no te revuelcan y disfrutas el vivir-

-En donde también mueres- agregó ella

-Si muy cierto el mar también es el lugar donde puedes morir pero otras veces no- dijo él

-Claro sino mueres te devuelve, pero ya no eres él mismo que entró- al decir esto, ella puso su quijada sobre sus rodillas recogidas y se quedó mirando al mar.

Él quedó mirando al mar y dijo –si, muchas veces o casi siempre nos devuelve cuerpos pero que ya no contienen la misma alma-

Ella se acercó y le besó la rodilla, luego abrazó su pierna y le acercó el cigarro, él lo tomó, ella giró su cabeza hacia él, se quedaron mirándose por unos segundos, entonces ella le dijo –Ju, dime que sabes nadar por favor y no me digas otra cosa-

Él que fumaba y le acariciaba sus cabellos la quedó mirando sorprendido, entonces ella regresó la mirada al mar, beso su muslo y abrazándolo más fuerte le volvió a repetir:

-Dime que sabes nadar-




 
 
 
 















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