Con un ramo de claveles
en la mano y en la otra un periódico, caminó lentamente, mirando fijamente al
grupo de personas que la rodeaban, se abrió paso entre ellos, le acercó el ramo
de claveles que dejó a un lado, cerrando los ojos la miró y le dijo:
-Tenemos una cita a las
12 así que aquí estoy, vine a decirte que te quiero desde hace años atrás-Luego se apartó de aquel grupo, se sentó en el césped, sacó un cigarro y se puso a recordar, recordar, recordar.
“A veces me cuesta
comenzar una historia, un relato, ocurre que el final de la historia llega a mí
de pronto, llega aquel desenlace, no sé cómo pero llega y yo lo siento en el
pecho, entonces debo buscar el origen de ese sentir que está ahí en el
desenlace o en mi pecho, siento que la historia comienza a desplazarse por mi
pecho, dentro de mí, que quiere salir, siento mi pecho ondular, que algo busca
emerger, entonces me pongo a pensar, me dejo arrastrar por ese sentir, y
comienzan las imágenes, los diálogos a aparecer, y si no tengo algo donde
escribir ese sentir comienza a desaparecer, así como muchos de mis recuerdos
yacen en el olvido, muchas historias yacen en mi pecho.”
Revisaba atento aquello
que había escrito en una red social, algunos “Me gusta” lo tenían contento,
luego comenzó a leer los comentarios, algunos felicitándolo por el escrito,
agregando palabras para dar conformidad con lo leído, otros burlándose,
entonces pensó –Si hubiera colgado la
foto de una mujer desnuda, en este momento tendría más “me gustas” que esta confesión simple y porque no decir absurda y
desubicada-
Comenzó a revisar en su
móvil y encontró la foto de su compañera de trabajo en el cual ella estaba
agachada en 90º y se podía ver en primer plano su trasero –Podría titularla como “Exuberante” o “Así cualquiera ama
trabajar”- pensaba mientras veía la foto.
La página de la red
social le avisó que alguien más había comentado su estado, así que optó por
revisar, esperaba una burla más, llega un momento en el cual esperar lo peor se
vuelve un hábito producto de la constante, así que al leer
-Siempre me gustó lo que
escribías cuídate, besos y abrazos-
Se fijó quién le había
escrito, sentía algo de ternura, de calor en esas palabras. Era Odette, empezó
a buscarla en el cajón de sus recuerdos, fue fácil hallarla, Odette era la
compañera de la universidad por la cual siempre había suspirado, siempre se
sintió atraído por ella, aunque nunca intentó invitarla a salir porque estaba
en su pensar no tener relación de cualquier índole con alguna de sus compañeras
de carrera, dado que sentía su espacio invadido, pero Odette fue la única mujer
que lo había empujado a cuestionar ese pensar que tenía, él era testigo de cómo
muchos compañeros suyos terminaban siendo parejas entre sí, pero claro él se
negaba a formar parte de ese grupo, pero a su vez Odette tan bella, tan frágil,
tan tierna, ¿por qué no invitarla a salir?. Jamás lo hizo.
Ahora que miraba atrás no
se explicaba el por qué le había parecido inalcanzable, ¿fue ella misma y ese
silencio que los envolvía cada vez que por alguna casualidad que no lograba
entender estaban a solas?, ¿fue que él es muy pegado a sus principios?, como
fuese, eso fue años atrás, pero ahora ella estaba ahí, había aparecido de la
forma menos imaginable, -¿la tenía entre
mis contactos? Joder y recién me entero- eso pensaba cuando leía y releía
el comentario, entonces decidió mandarle un mensaje por el chat
-Odette, salutes-
-Ju qué tal, ¿cómo estás?-
-Pues acá, súper-
-Bonitas palabras las que
dejaste en tu muro, muy profundas, muchas cosas nos cuesta decirlas y
entenderlas y eso que las tenemos en nosotros-
-Probablemente sea eso, el
que estén dentro de nosotros por eso nos resulta más difícil verlas con
claridad-
-Como que en nuestras
cosas perdemos cierta objetividad-
-Por los sentimientos-
-Sin lugar a dudas-
-Oye Odette, ¿estás en la
ciudad?--Siempre estuve, nunca me fui, eres tú el que desapareció, desde la graduación que no te veo-
-jajaja ¿cómo que
desaparecí?
-Pues no vas a las
reuniones de reencuentros-
-Aaahh cierto, no voy-
-Cuando asisto, pregunto
por ti, para saber algo de ti pero nadie sabe de ti-
Pensó -¿Entendí bien?, ¿pregunta por mí?-
-Bueno si gustas, te paso
el número de mí móvil, así estamos en contacto--Genial, yo también te paso el mío-
Aquella conversación que
se prolongó por más de 2 horas, se había quedado impregnada en su mente, hablando
mayormente sobre eventos del pasado, mezclados con los eventos actuales y uno
que otro plan a futuro, el cual –lógico- se podía comentar. A raíz de esta y de
muchas otras prolongadas conversaciones en el transcurso de los días, pudo
darse cuenta que habían pasado 5 años desde la última vez que se vieron, ella
trabajaba en un área muy distinta a la suya, relacionista público de un
consorcio agroexportador, con una maestría recién concluida, ya tenía una casa
que estaba pagando, un vehículo y conocía muchos países, él por el contrario
trabajaba como editor de un pequeño periódico, además colaboraba para diversas
pequeñas revistas que lograban tener (en el mejor de los casos) 3 ó 4 números
para luego desaparecer, vivía en un cuarto el cual había convertido a fuerza de
coraje, en un pequeño departamento de una pieza, donde la cama hacía de sofá, un
pequeño frio bar hacía de mesa, este, su pequeño mundo era alquilado y solo
conocía las calles por donde transitaba a pie.
Las conversaciones se
hicieron cada vez más constantes y ya no sólo por chat sino por móvil, en todas
ellas reinaban las bromas, las risas y las palabras de afecto no tardaron en
aparecer, al comienzo como un cumplido pero paulatinamente fueron la expresión
de los sentimientos.
Él no se había percatado
el tiempo, mejor dicho los días que habían estado hablando juntos, solo
recordaba cómo empezó, hasta que una noche mientras hablaban…
-Ju, espero no molestarte
con mis llamadas-
-Para nada, sabes,
realmente me gusta dialogar contigo, hablamos desde hace…-
-Una semana-
-Vaya, si una semana-
-si-
-Y me parece que fue hace
mucho tiempo atrás, como que había cosas que no pude decir y ahora como que he
logrado fusionar ambos tiempos-
-Igual me ocurre a mí, en
la universidad siempre me pareciste tan distante-
-¿Yo distante?-
-si tú-
-A mi me pasaba los
mismo, por eso no te hablaba-
-yo me quedaba callada
cuando me encontraba a solas contigo, no sabía que decirte-
-Oye eso me pasaba a mí también,
pero era porque me gustabas mucho y entonces no sabía que decir-
-También me gustabas
mucho Ju, te veía llegar con tu mochila de lana y mi día se arreglaba,
escucharte hablar, verte hacer tus bromas en el salón o escucharte reír, me
alegraban y llegaba a casa y me decía que ya te conocía un poco más-
-Sabes, no sé como lo tomarás
pero sabes, siento que ese sentimiento ha vuelto a brotar en mí, digo, siento
que me gustas, que te quiero, realmente que te quiero y es curioso porque no te
he vuelto a ver, pero sin necesidad de verte yo sé que ya te quiero como
siempre lo fue-
-Ju, te entiendo
perfectamente porque lo mismo me pasa-
-¿En serio?-
-Si, en serio, yo no
miento, quiero que desde ya lo sepas-
-La verdad que escucharte
me hace muy feliz-
-Sabes Ju, como te dije
antes, he de partir de viaje mañana por la mañana y volveré el domingo y me gustaría
verte, se que esta noche es imposible por la hora y porque aún debo de terminar
de arreglar mis cosas jajaja… es que deje de hacer las maletas solo por oírte-
-jajaja-
-Pero como llego a las 10
am me gustaría verte lo antes posible, que te parece si almorzamos juntos-
-Me parece perfecto, sabes,
pensé que me dirías para vernos el lunes-
-No, no, no, llego dejo
mis cosas en casa, me cambio y voy a verte-
-Me parece genial,
entonces que te parece si vamos a almorzar al San Luis, el que queda en la
Alameda Los Leones-
-Donde tú digas me parece
bien, con tal de estar junto a ti y darte los abrazos y besos que tengo
guardados de años atrás para ti, yo estaré feliz-
-Ok, entonces nos vemos
el domingo a las 12 pm te quiero y te estaré esperando el domingo-
-Yo también te quiero
mucho, no de ahora sino de muchos años atrás, estaré contigo este domingo,
besos mi bello Ju-
-Besos mi cosita rica, te
veo el domingo-
-Besos querido, chau-
-Chau-
El domingo llegó, él muy
nervioso y feliz fue al periódico donde trabajaba para dejar un artículo que
saldría en el suplemento del lunes, conversó, bromeó, río como nunca antes lo
había hecho, tomó un periódico y al ver la hora 10:37 am se dirigió caminando a
la alameda, pasó por un kiosco en el cual vendían flores, habían muy bellos
arreglos florales a base rosas pero optó por un simple ramos de claveles,
total, a él le gustan los claveles y si iba a regalar algo que sea algo que a
él le gusta, se dirigió al restaurante acordado, se sentó y se puso a ojear el
periódico, estaba muy nervioso y algo confundido en los 3 últimos días no se
había podido comunicar ella, su móvil sonaba como apagado, por un momento pensó
que ella se había retractado y ya no quería verle, pero eso era algo poco
creíble porque como recordaba él las cosas que ella le había dicho días antes –debe estar a full con el trabajo-
pensó, faltaban más de media hora para que ella llegue, la llamó a su móvil
pero luego cortó, no quería proyectar una imagen de desesperado, excesivamente
desesperado.
Comenzó a leer las
diversas noticias, entonces su corazón se detuvo por un breve instante, un
instante que para él fue una eternidad, se le presentaba a él un panorama que
no esperaba, aquella noticia debía ser un error, un maldito error, una broma maldita
del destino, entonces llevó sus manos a su rostro, miraba a todos lados
buscando su rostro, su sonrisa, una respuesta, un ¿por qué?, pero ya nada podía
hacer, el accidente, los fallecidos y la fecha del entierro quedaban
confirmadas en el obituario.

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