viernes, 11 de abril de 2014

Obituario



Con un ramo de claveles en la mano y en la otra un periódico, caminó lentamente, mirando fijamente al grupo de personas que la rodeaban, se abrió paso entre ellos, le acercó el ramo de claveles que dejó a un lado, cerrando los ojos la miró y le dijo:
-Tenemos una cita a las 12 así que aquí estoy, vine a decirte que te quiero desde hace años atrás-

Luego se apartó de aquel grupo, se sentó en el césped, sacó un cigarro y se puso a recordar, recordar, recordar.

“A veces me cuesta comenzar una historia, un relato, ocurre que el final de la historia llega a mí de pronto, llega aquel desenlace, no sé cómo pero llega y yo lo siento en el pecho, entonces debo buscar el origen de ese sentir que está ahí en el desenlace o en mi pecho, siento que la historia comienza a desplazarse por mi pecho, dentro de mí, que quiere salir, siento mi pecho ondular, que algo busca emerger, entonces me pongo a pensar, me dejo arrastrar por ese sentir, y comienzan las imágenes, los diálogos a aparecer, y si no tengo algo donde escribir ese sentir comienza a desaparecer, así como muchos de mis recuerdos yacen en el olvido, muchas historias yacen en mi pecho.”
Revisaba atento aquello que había escrito en una red social, algunos “Me gusta” lo tenían contento, luego comenzó a leer los comentarios, algunos felicitándolo por el escrito, agregando palabras para dar conformidad con lo leído, otros burlándose, entonces pensó –Si hubiera colgado la foto de una mujer desnuda, en este momento tendría más “me gustas” que esta confesión simple y porque no decir absurda y desubicada-

Comenzó a revisar en su móvil y encontró la foto de su compañera de trabajo en el cual ella estaba agachada en 90º y se podía ver en primer plano su trasero –Podría titularla como “Exuberante” o “Así cualquiera ama trabajar”- pensaba mientras veía la foto.
La página de la red social le avisó que alguien más había comentado su estado, así que optó por revisar, esperaba una burla más, llega un momento en el cual esperar lo peor se vuelve un hábito producto de la constante, así que al leer

-Siempre me gustó lo que escribías cuídate, besos y abrazos-
Se fijó quién le había escrito, sentía algo de ternura, de calor en esas palabras. Era Odette, empezó a buscarla en el cajón de sus recuerdos, fue fácil hallarla, Odette era la compañera de la universidad por la cual siempre había suspirado, siempre se sintió atraído por ella, aunque nunca intentó invitarla a salir porque estaba en su pensar no tener relación de cualquier índole con alguna de sus compañeras de carrera, dado que sentía su espacio invadido, pero Odette fue la única mujer que lo había empujado a cuestionar ese pensar que tenía, él era testigo de cómo muchos compañeros suyos terminaban siendo parejas entre sí, pero claro él se negaba a formar parte de ese grupo, pero a su vez Odette tan bella, tan frágil, tan tierna, ¿por qué no invitarla a salir?. Jamás lo hizo.

Ahora que miraba atrás no se explicaba el por qué le había parecido inalcanzable, ¿fue ella misma y ese silencio que los envolvía cada vez que por alguna casualidad que no lograba entender estaban a solas?, ¿fue que él es muy pegado a sus principios?, como fuese, eso fue años atrás, pero ahora ella estaba ahí, había aparecido de la forma menos imaginable, -¿la tenía entre mis contactos? Joder y recién me entero- eso pensaba cuando leía y releía el comentario, entonces decidió mandarle un mensaje por el chat
-Odette, salutes-

-Ju qué tal, ¿cómo estás?-
-Pues acá, súper-

-Bonitas palabras las que dejaste en tu muro, muy profundas, muchas cosas nos cuesta decirlas y entenderlas y eso que las tenemos en nosotros-
-Probablemente sea eso, el que estén dentro de nosotros por eso nos resulta más difícil verlas con claridad-

-Como que en nuestras cosas perdemos cierta objetividad-
-Por los sentimientos-

-Sin lugar a dudas-
-Oye Odette, ¿estás en la ciudad?-

-Siempre estuve, nunca me fui, eres tú el que desapareció, desde la graduación que no te veo-

-jajaja ¿cómo que desaparecí?
-Pues no vas a las reuniones de reencuentros-

-Aaahh cierto, no voy-
-Cuando asisto, pregunto por ti, para saber algo de ti pero nadie sabe de ti-

Pensó -¿Entendí bien?, ¿pregunta por mí?-
-Bueno si gustas, te paso el número de mí móvil, así estamos en contacto-
-Genial, yo también te paso el mío-

Aquella conversación que se prolongó por más de 2 horas, se había quedado impregnada en su mente, hablando mayormente sobre eventos del pasado, mezclados con los eventos actuales y uno que otro plan a futuro, el cual –lógico- se podía comentar. A raíz de esta y de muchas otras prolongadas conversaciones en el transcurso de los días, pudo darse cuenta que habían pasado 5 años desde la última vez que se vieron, ella trabajaba en un área muy distinta a la suya, relacionista público de un consorcio agroexportador, con una maestría recién concluida, ya tenía una casa que estaba pagando, un vehículo y conocía muchos países, él por el contrario trabajaba como editor de un pequeño periódico, además colaboraba para diversas pequeñas revistas que lograban tener (en el mejor de los casos) 3 ó 4 números para luego desaparecer, vivía en un cuarto el cual había convertido a fuerza de coraje, en un pequeño departamento de una pieza, donde la cama hacía de sofá, un pequeño frio bar hacía de mesa, este, su pequeño mundo era alquilado y solo conocía las calles por donde transitaba a pie.
Las conversaciones se hicieron cada vez más constantes y ya no sólo por chat sino por móvil, en todas ellas reinaban las bromas, las risas y las palabras de afecto no tardaron en aparecer, al comienzo como un cumplido pero paulatinamente fueron la expresión de los sentimientos.

Él no se había percatado el tiempo, mejor dicho los días que habían estado hablando juntos, solo recordaba cómo empezó, hasta que una noche mientras hablaban…
-Ju, espero no molestarte con mis llamadas-

-Para nada, sabes, realmente me gusta dialogar contigo, hablamos desde hace…-
-Una semana-

-Vaya, si una semana-
-si-

-Y me parece que fue hace mucho tiempo atrás, como que había cosas que no pude decir y ahora como que he logrado fusionar ambos tiempos-
-Igual me ocurre a mí, en la universidad siempre me pareciste tan distante-

-¿Yo distante?-
-si tú-

-A mi me pasaba los mismo, por eso no te hablaba-
-yo me quedaba callada cuando me encontraba a solas contigo, no sabía que decirte-

-Oye eso me pasaba a mí también, pero era porque me gustabas mucho y entonces no sabía que decir-
-También me gustabas mucho Ju, te veía llegar con tu mochila de lana y mi día se arreglaba, escucharte hablar, verte hacer tus bromas en el salón o escucharte reír, me alegraban y llegaba a casa y me decía que ya te conocía un poco más-

-Sabes, no sé como lo tomarás pero sabes, siento que ese sentimiento ha vuelto a brotar en mí, digo, siento que me gustas, que te quiero, realmente que te quiero y es curioso porque no te he vuelto a ver, pero sin necesidad de verte yo sé que ya te quiero como siempre lo fue-
-Ju, te entiendo perfectamente porque lo mismo me pasa-

-¿En serio?-
-Si, en serio, yo no miento, quiero que desde ya lo sepas-

-La verdad que escucharte me hace muy feliz-
-Sabes Ju, como te dije antes, he de partir de viaje mañana por la mañana y volveré el domingo y me gustaría verte, se que esta noche es imposible por la hora y porque aún debo de terminar de arreglar mis cosas jajaja… es que deje de hacer las maletas solo por oírte-

-jajaja-
-Pero como llego a las 10 am me gustaría verte lo antes posible, que te parece si almorzamos juntos-

-Me parece perfecto, sabes, pensé que me dirías para vernos el lunes-
-No, no, no, llego dejo mis cosas en casa, me cambio y voy a verte-

-Me parece genial, entonces que te parece si vamos a almorzar al San Luis, el que queda en la Alameda Los Leones-
-Donde tú digas me parece bien, con tal de estar junto a ti y darte los abrazos y besos que tengo guardados de años atrás para ti, yo estaré feliz-

-Ok, entonces nos vemos el domingo a las 12 pm te quiero y te estaré esperando el domingo-
-Yo también te quiero mucho, no de ahora sino de muchos años atrás, estaré contigo este domingo, besos mi bello Ju-

-Besos mi cosita rica, te veo el domingo-
-Besos querido, chau-

-Chau-
El domingo llegó, él muy nervioso y feliz fue al periódico donde trabajaba para dejar un artículo que saldría en el suplemento del lunes, conversó, bromeó, río como nunca antes lo había hecho, tomó un periódico y al ver la hora 10:37 am se dirigió caminando a la alameda, pasó por un kiosco en el cual vendían flores, habían muy bellos arreglos florales a base rosas pero optó por un simple ramos de claveles, total, a él le gustan los claveles y si iba a regalar algo que sea algo que a él le gusta, se dirigió al restaurante acordado, se sentó y se puso a ojear el periódico, estaba muy nervioso y algo confundido en los 3 últimos días no se había podido comunicar ella, su móvil sonaba como apagado, por un momento pensó que ella se había retractado y ya no quería verle, pero eso era algo poco creíble porque como recordaba él las cosas que ella le había dicho días antes –debe estar a full con el trabajo- pensó, faltaban más de media hora para que ella llegue, la llamó a su móvil pero luego cortó, no quería proyectar una imagen de desesperado, excesivamente desesperado.

Comenzó a leer las diversas noticias, entonces su corazón se detuvo por un breve instante, un instante que para él fue una eternidad, se le presentaba a él un panorama que no esperaba, aquella noticia debía ser un error, un maldito error, una broma maldita del destino, entonces llevó sus manos a su rostro, miraba a todos lados buscando su rostro, su sonrisa, una respuesta, un ¿por qué?, pero ya nada podía hacer, el accidente, los fallecidos y la fecha del entierro quedaban confirmadas en el obituario.

   





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