Recordé la primera vez que lloré tras un partido de fútbol, fué cuando Brazil fué eliminado de un mundial, mi padre me consolaba diciendo:
-Hay otro mundial en cuatro años-
Con un beso y un abrazo trató de calmar mi llanto a moco tendido con suspiros. No lo logró.
Volví a llorar cuando se despidió mi Capitano Paolo Maldini del AC Milan (hasta hoy duele), cuando Toti dejó la Roma y cuando Ronaldinho regresó al Nou Camp vistiendo la camiseta del Milan, como no llorar viendo a un Puyol siendo el caballero que es invitando a Dinho a tomarse la foto junto al equipo del Barza y luego regalarle la copa.
El fútbol nos da alegrías, tristezas, nos hace sentir rabia, ese tránsito entre diversos sentimientos lo convierten en el _Opio del pueblo_ como alguna vez dijera Jorge Luis Borges.
Minutos atrás pude ver una foto de Florentino Perez, aunque me esfuerce por ser empático jamás lograré palpar el dolor, la tristeza, vacío y soledad que él siente al ver la partida de Carletto, Modric y Vasquez.
Esta vez el consuelo no llega con un abrazo, un beso y unas palabras que nos invitan a esperar una revancha, no hay consuelo para los zombies, o probablemente si lo haya y esas sean las palabras de Luka Modric:
*No llores porque terminó, sonríe porque sucedió"*

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