Sin tener experiencia alguna se presentó a una convocatoria
para tener un trabajo con el afán de poder salir adelante. Era una convocatoria
de aquellas en la cual gana él que tiene las mejores influencias, a pesar de eso, igual se presentó
confiado en su suerte y llevado por una enorme ilusión. Perdió, entonces
decidió volver a las montañas, retomó las armas y juró venganza.
Después de seis años la revolución triunfó, a él le tomó
solo un par de horas cristalizar su venganza.
A los minutos se enteraría que aquella persona que ganase
dicha convocatoria tenía estudios en el extranjero y cinco años de experiencia en
un puesto similar al que ganó, fue él más apto para dicho puesto.
Por las calles la gente celebra el triunfo de la revolución,
él en una habitación semioscura sentado en el borde de una cama, frente a un
espejo, empuñando su fusil, se arreglaba el cabello y empieza a secarse las
lágrimas mientras trata de observar por última vez a su cadáver.
Y mi lucha es infinita y diaria, sigo firme sin norte, pero
sigo, porque le pusimos oscuridad a la ausencia de luz y aún no sé cómo llamar
a tu ausencia, mis parpados inventan la oscuridad y al evocarte me pierdo en
aquel laberinto que es tu piel de la cual me resisto huir, en la cual me he
asfixiado con tal fuerza que he terminado aferrado a ti cual naufrago que besa
y llora a la madera que lo tiene vivo, entonces yo sentado en la cama te veo de
pie bailando sobre la misma, contorneándote y tu cuerpo es arquitectura del
sincretismo ambiental animal que me invita a inventarlo todo, te veo y me
aferro a tu lengua, a tu boca, a tu piel, a tu cuerpo con cada nota de un blues
que nos seduce quién sabe más a mí que a ti pero que marca el compas para que
yo pueda dar todo y a la vez exigir todo, entonces me invito o me invitas a
vivir y morir, yo para poder verte he cerrado los ojos y te observo, no eres
como tú dices ser o como yo espero que seas, eres más que nuestros propios
sueños, transgredes la realidad hasta convertirla en fantasía, y entonces yo
abro los ojos porque es mi única forma de hacerte real, es mimanera de convertir a una diosa en mujer,
para tenerte cerca, creíble, humana, y es entonces que ya no estás, te has
alejado, no puedo encontrarte, y salgo en tu búsqueda sea en el infierno o en
el cielo, traspasando estaciones, distancias, porque el traerte y ponerte
frente a mí es como poner al fruto prohibido delante de mí, es decir, con amor,
valentía y curiosidad, entonces sigo buscando desesperadamente los caminos para
estar frente a ti y los encuentro y eso ocurre cuando cierro mis ojos.
Es una mañana muy hermosa como nunca en mi vida la he tenido, realmente me he quedado enamorado de esta mañana, el cielo está nublado
y está lloviendo, entonces he optado por disfrutarla en toda su dimensión, me
he subido a la moto y me dirigí a la playa, estacioné la moto, prendí un
cigarro y esperé tu arribo y no fallaste, realmente no sueles fallarme cuando
deseo compartir contigo algo bonito, algo que me guste, que cale en mí, ni bien
llegaste corrí a ti te abracé, te pregunté cómo estabas, tu sonrisa, tus
ademanes los disfrute mucho, te tomé de la mano y caminamos a orillas del mar,
la lluvia seguía cayendo, te hice bromas con respecto a meterte al mar y con tu
hermosa sonrisa y algo asustada, deduzco que se debió a que me conoces y sabes
que mi locura a veces es sinónimo de torpeza, me pediste que no lo haga, intenté
que corriéramos a un costado de la espuma del mar, cosa que no logré porque
realmente detestas hacer ejercicios, aunque muchas veces has dicho que harás
ejercicios, te mostré donde yo suelo jugar futbol con mis compañeros de la
oficina, es increíble he salido por espacio de una semana completa y te comenté
que la persona que ha dicho que hacer deporte es saludable está completamente
loco, porque después de una semana de jugar fútbol en la arena me duele el
cuerpo y ya no doy más, te has reído con mi comentario, eso me gustó mucho, me
gustó porque aún soy capaz de hacerte reír, de regalarte una sonrisa con mis
cosas, te comenté que te extraño y que te amo y volviste a esbozar esa sonrisa
tan tuya y cerraste los ojos, luego te invité un cigarro que aceptaste gustosa,
bese tu mano, tus dedos, te abracé con fuerza como si buscará desesperadamente
anclar en ti para no zozobrar, luego te llevé a unos peñascos en donde voy a
pescar y lo único que he logrado pescar hasta hoy ha sido una estrella de mar,
en medio de nuestras risas me dijiste que era un mensaje del universo que la
vida me depara cosas buena como el éxito, yo lo he tomado por cierto tu
comentario, creo que será así, de pronto paró de llover, te miré y te subiste a
tu bote, antes de partir me deseaste mucha felicidad, éxitos y me pediste que
me cuidara, luego tras las olas desapareciste, regresé a la moto empapado de
lluvia y tristeza, me subí a ella y enrumbé a la oficina subí por la carretera
a la cima del morro, me detuve un instante a ver la playa y tu imagen, tu
rostro estaba ahí mirándome superpuesta en todo su esplendor, en donde el mar y
el cielo le daban el marco idóneo a tu belleza, entonces te di un beso y
regrese a la oficina muy feliz y nervioso, como aquel adolescente que ha besado
por primera vez a la chica de la cual está enamorado.
Ahora acá en la oficina me veo forzado a dejar de describir
lo que viví esta mañana dado que tengo frente a mí a doce personas con las
caras largas de molestas y que no se explican porque estoy tan feliz teniendo
una sonrisa de oreja a oreja y a la vez escribiendo en la lap más no
atendiéndolos, debo mencionar que esas personas son mis clientes y no tienen la
menor idea que yo estoy en éste momento recordando aquel rostro que está
escuchando una canción, recordando aquel rostro tan spiritual.
El brillo del sol en el oleaje era como ver un cielo con
miles de estrellas danzando, una figura se deslizaba en aquel cielo estrellado
del atardecer, jugaba, nadaba, se sumergía bajo las olas que reventaban y salía
luego detrás de ellas y siempre sonriendo. Ella que recién había despertado de
un sueño prolongado lo buscó con la mirada, se comenzaba a poner nerviosa
porque no le encontraba pero al ubicarlo y verle como jugaba cual niño en el
mar se tranquilizó.
Él la vio y decidió salir del mar, camino a ella con una
sonrisa, luego se sentó a su lado y le dijo:
-Deberías nadar el agua está helada, está muy rica-
Ella lo miró, sacó un paquete de cigarros, extrajo un
cigarro, lo prendió, dio una calada y le dijo:
-Eres un desconsiderado, llevas 3 horas metido en el mar y
en ningún momento te quedaste conmigo-
Él la quedó mirando y le dijo:
-El mar es para mí muy especial, pero sabes lo prefiero en
otoño e invierno-
-Para mí también lo es- dijo ella.
-Te diré mi idea con respecto al mar- dijo él –yo veo al mar
como si fuera la vida misma, en donde naces y te sumerges, en donde transitas,
en donde crees estar en el mismo sitio pero no es así, en donde la vida te
golpea con sus olas, te revuelca pero está en ti tener la capacidad de poder
ponerte de pie y hacer frente al nuevo oleaje y entonces las nuevas olas ya no
te revuelcan y disfrutas el vivir-
-En donde también mueres- agregó ella
-Si muy cierto el mar también es el lugar donde puedes morir
pero otras veces no- dijo él
-Claro sino mueres te devuelve, pero ya no eres él mismo que
entró- al decir esto, ella puso su quijada sobre sus rodillas recogidas y se
quedó mirando al mar.
Él quedó mirando al mar y dijo –si, muchas veces o casi
siempre nos devuelve cuerpos pero que ya no contienen la misma alma-
Ella se acercó y le besó la rodilla, luego abrazó su pierna y
le acercó el cigarro, él lo tomó, ella giró su cabeza hacia él, se quedaron
mirándose por unos segundos, entonces ella le dijo –Ju, dime que sabes nadar
por favor y no me digas otra cosa-
Él que fumaba y le acariciaba sus cabellos la quedó mirando
sorprendido, entonces ella regresó la mirada al mar, beso su muslo y
abrazándolo más fuerte le volvió a repetir: