Un domingo al mediodía me
percaté que estaba a pocas páginas de acabar de leer un libro, como el día se
presentaba soleado, opté por ir a terminar mi libro y comenzar otro en la
playa. Al menos una vez en la vida quería darme ese placer.
Así que enrumbé a la
playa.
Al llegar noté que había
personas disfrutando de la playa a pesar
de ser invierno. busqué un lugar solitario y me puse a leer, terminé de leer mi
libro, una tristeza me embargo, releí algunas páginas del libro, en especial las
partes resaltadas, dejé el libro concluido a un costado y tome el libro sin
leer y una emoción desplazó a la tristeza.
En plena lectura escuche
una voces que lograron sacarme de mi concentración, eran un grupo de niños
jugando con un balón que se divertían, entonces prendí un cigarro, miré ese
horizonte infinito, mágico y gris que me ofrecía el mar, dejé escuchar a los
niños y en ese momento supe que ya podia retomar mi lectura y eso hice.
Leía a gusto cuando
siento que alguien estaba junto a mí, giro la cabeza y era un niño o pre puber,
no sabría decirlo, él trataba de leer mi libro, le quedé mirando, me miró,
entonces me di cuenta que se había alejado de sus amigos que ahora jugaban
fútbol en la playa y prefería leer, entonces lleno de ternura le alcancé el
libro que había terminado de leer, se sentó y se puso a leerlo, y fue entonces
que empezamos a leer.
No recuerdo que tiempo
estuvimos leyendo, pero al cabo de un buen rato, decidí regresar a mi casa, me
puse de pie, saqué un cigarro, lo prendí, tome la mochila y comencé a guardar
mi libro, el niño se puso de pie, con cierta tristeza me hizo llegar el libro,
en eso sus amigos que jugaban llegaron a donde estábamos, entonces no sé si fue
por la presencia de sus amigos o porque ya pensaba hacerlo, pero me pregunta:
-¿Señor lo que está
escrito en ese libro es verdad?
Le mire y le dije -Si y
no, no porque puede ser producto de la imaginación del escritor y si porque supongo le ocurrió o
lo escuchó y eso significa que probablemente sucedió o está sucediendo o
sucederá, uno nunca sabe-
Le dije esto mientras
guardaba el libro en mi mochila, entonces el niño me pregunta
-¿Dónde puedo comprar un
libro como ese?-
Entonces tratando de ser
gracioso le respondí
-En la ferretería-
Los niños se quedaron mirando
y noté que no pudieron evitar comenzar a reír, y comencé a reír con ellos.
Uno de los niños dijo:
-Que tío para huevón, en
las ferreterías solo venden clavos-
-Seguro que se robó los
libros o está borracho- dijo otro
Se dieron media vuelta y
en medio de risas burlonas y otras frases se marcharon y yo que para ese
momento ya había dejado de reír y de pie los vi alejarse, entonces pensé:
-Qué generación para más
sensible se avecina-

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