Una mañana
decidí salir a correr, mentalizado en llevar la vida que siempre he querido
llevar, no sé si saludable pero si reconfortante.
Vestido
deportivamente bajé a la playa y me puse a correr en la arena, los primeros
metros me fueron muy duros, así que opté por estirar los músculos unos minutos,
de esta forma no me dolerían.
Luego
de una breve calistenia, comencé a correr y tras esto empecé a toser, lo
atribuí a todos los cigarros que fumo al despertar, entre mi pensaba –esto,
pronto cambiará-
Comencé
a correr mas rápido, tratando de exigirme, al punto de querer dejar mi mayor
esfuerzo (es mi naturaleza de ser) de pronto empecé a sentir cierto mareo que
supuse se debía al oxigeno que venía del mar, cosa que me puso muy contento.
Seguí
corriendo y me comenzó a doler el pecho, entonces me dije emocionado -woww mi corazón
ahora si está trabajando, con éste bombeo limpiará todas mis venas-
Entonces
redoble esfuerzos y me comenzó a cosquillear el brazo y me dije -ahora mis músculos
están trabajando por el esfuerzo que hago- y seguí corriendo con una sonrisa en
los labios.
No sé
en qué momento pero el dolor en el pecho fue tal que caí casi inconsciente en
la arena, ahí mismo en la arena con lágrimas en los ojos, un dolor de mierda en
el pecho, tragando saliva y arena y como dije a segundos de perder el
conocimiento, traté de pedir ayuda, levanté mi mano y la mirada buscando a
alguien pero oohhh sorpresa mía, no había nadie en la playa, solo un grupo de
aves, fue entonces que pensé -en esta puta ciudad de más de 50 mil habitantes, ¿nadie
sale a correr a la playa por la mañana de un lunes de invierno?-
Entonces
al verme solo en la playa, no me quedó más remedio que ponerme boca arriba,
limpiarme la arena que no trague y seguía en mi cara, me golpee el pecho y le
dije a mi corazón -las veces que te hirieron también yo sufrí así que ahora
muchacho no jodas y sigue para adelante- lo golpeé más y más fuerte hasta que
de pronto el dolor, el mareo y el cosquilleo pasaron.
Me puse
de pie, tosí y comencé a caminar oliendo el mar.
A días
de este suceso he llegado a una hermosa conclusión que es...
Ser el único
pelotudo que sale a correr a la playa un lunes cualquiera en invierno, es una
experiencia infartante y eso no tiene
precio.

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