Me acerqué al kiosko nervioso por dentro pero me mostraba tranquilo, el motivo era mi compañera de clases, tenía un cabello olor azabache, ondulado, tenía las cejas muy pobladas, unos ojos negros grandes, nariz respingona, unos labios carnosos, recuerdo que aquella mañana llevaba una vincha, me puse a su lado y pedí un pan con pollo y una gaseosa, la miré pero ella estaba pendiente de su pedido así que no pude hablarle, resignado a fracasar en mi intento de hablarle ese día, agaché la cabeza y pensé que lo haría otro día o nunca, ya a estas alturas era lo mismo
-A mí tardaron en atenderme, no te deprimas-
Al voltear ella tenía un sándwich en la mano y un vaso de jugo en la otra.
-Espero que pueda sobrevivir a la inanición- Le dije, tratando de ser gracioso.
-Lo harás hombre- me dijo
-Sino al menos me quedan las uñas- y sonreí.
-Que feo comerse las uñas y más en un hombre- Afirmó.
Pensé que lo había echado a perder, pensaba lo tonto de mi comentario.
-¿Nunca probaste de tus... Uñas?
-No- me respondió, y agregó -pero he visto a otros que lo hacen-
-Imagino que es porque las tienes pintadas-
Me miró y me dijo -Eres raro-
En ese momento me dieron mi pan con pollo y mi gaseosa.
Entonces nos alejamos del kiosko.
-¿Vas para el salón -
-Si- me respondió
-Vale, su gustas vamos-
-Pero no me hables de comer uñas, que voy a comer mi sándwich- y se sonrió.
-Yo me preguntaba si podía acompañarte a tu casa-
-Por qué me quieres acompañar-
-Porque me resultas agradable-
-No creo que puedas, ocurre que yo voy con mis amigas, vivimos cerca-
-Si entiendo, no hay problema, y si te incómodo lo que te dije, disculpa -
-No, no, solo que me voy a casa con mis amigas-
-Oye hablando de casa, revisaste los problemas de matemáticas que dejó el profe, yo la verdad no entiendo -
-Si, yo tampoco entiendo pero quién nos enseña a Marlene y a mí es Daniela-
-Mira que bueno yo ando perdido, no sé que presentaré este jueves-
-En el salón hay varios chicos que saben, deberías preguntarles-
-Si, eso haré- le dije y en ese momento sus dos amigas se acercaron a hablarle, entre risas la jalaron a un lado y entré al salón, me fuí a mi silla y me puse a comer.
A mi lado estaba un compañero, como sabía que era muy aplicado le pregunté sobre los ejercicios de matemáticas y me dijo que había resuelto la mitad, me los mostró y le dije si podía copiarlos y me dijo que sí, entonces eso hice.
Los días pasaron, saludaba a Carolina (por cierto así se llamaba la chica que describí líneas arriba) ella como siempre muy amable me respondía el saludo pero luego continuaba hablando con sus amigas. A veces notaba que me buscaba con la mirada o al saludarme se sonrojaba y si había que agarrar de punto a alguien en la hora del recreo, ella no dudaba en mencionarme. Total, eso de que quien te gusta te exponga al dolor y la humillación era algo nuevo a mi corta edad.
Yo por el contrario me dediqué a copiar los problemas de matemáticas y otras materias de todos en clases
Mi padre llegó de viaje, eso significaba que me quedaban de dos a tres semanas antes de viajar de regreso a Huaraz
Y en esa misma semana la academia organizó un fin de semana deportivo y de confraternidad estudiantil, y por un azar del destino me tocó junto con Carolina llevar una banderola para colocarla en la tribuna, recuerdo que un viernes se acercó a mi lado y me dijo que pasara por su casa a las 9am para que llevemos juntos la banderola, me dió su dirección y recalcando que fuera a verla, se fué.
Yo pensaba, como se burla de mí la vida, yo buscaba su dirección semanas atrás, ahora que solo me quedan unos semanas en Trujillo recién tengo su dirección.
¿Habré hecho alguna cagada para ofender a algún dios y este se este burlando de mí de esta forma? Me preguntaba.
Bueno, la vida tiene esos detalles, esas mofas.
Llegando a mi casa, veo mi maleta en la entrada de la casa, mi madre me da una casaca, y me dijo que esa noche viajábamos a Huaraz.
No pude dormir todo el viaje, pensaba, si existe algún dios, este me debe odiar porque no contento con burlarse de mí al darme la dirección de la chica que me gusta a semanas de regresar y que a mi parecer yo le puedo gustar, lo digo por como me responde el saludo esa mirada y su sonrisa, todo esto a pocas semanas de regresarme, no contento ahora me impide al menos ir a buscarla como alguna vez soñé hacerlo porque debo viajar una noche antes.
Cuando recuerdo esto pienso que el guionista de mi vida debe ser alguien deprimido, autodestructivo porque este evento es en verdad patético y gracioso a la vez.
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