sábado, 9 de octubre de 2010

Con el feminismo también ganamos los hombres



Estar sentado rodeado de files frente a un monitor y no chatear es desde ya, algo inusual, doloroso, contradictorio y llamativo para alguien como yo, que cuando esta frente a una pc debe poner su nick, su contraseña entrar a salas de chat y saludar a personas que conoce a lo mucho a través de una fotografía, leer algún que otro comentario y claro leer sus postura religiosa y política, curioso ya que supuestamente entramos para divertirnos, relajarnos y esos temas son muy “conflictivos”.

Mientras terminaba un expediente y lo preparaba para que sea revisado no pude evitar mirar a mi nueva compañera de trabajo, abogada de profesión, muy bien pintada (o acicalada), digo el color de sus labios eran perfectos no desentonaban con el color canela de su tez, su cabello negro que le caían sobre los hombros, sus ojos negros, en verdad son negros ni marrones, ni miel, ni celestes, ni azules, son negros, si los ojos son las ventanas del alma, pues ella es una femme fatale desde ya sólo por los ojos y no por las otras mentas y hablando de mentas su tetamenta sobresalía cual par de melones orgullosos que no se deja aprisionar por brasieres, blusas, chalecos y sacos, joder, como imponen su presencia, con tal garbo y opulencia, lamentaba el que no pueda ver las otras mentas total, ella tendrá que ir al baño o tendrá que dejar ese escritorio y caminará y la veré pasar frente a mí y podré verla de frente y en especial de espaldas así podría disfrutar de su figura, me preguntaba en qué momento no me fije en ella y no la vi pasar frente a mí, ahora entiendo el porqué un exceso de trabajo te impide disfrutar de algunos pequeños y no tan pequeños detalles de la vida.

La vi rabiar contra la pc, que una mujer se arregle el cabello y de un soplido estando concentrada en algo, quiere decir que algo no le ésta saliendo como quiere, decidí ayudarle, total mi trabajo ya había concluido y recién erán las 11 de la mañana.
-Te puedo ayudar - le dije en un tono algo distante después de levantarme de la silla y caminar hacia su modulo.
-No, yo puedo hacerlo sola- me respondió
-¿Segura?- pregunté
-Si- respondió.
Acto seguido regresé a mi modulo, me senté y me puse a pensar que haría, se me vino a la mente salir con la moto a donde sea, -total tengo hasta la tarde libre- me dije mientras ordenaba los expedientes para presentarlos en unas horas.
Mientras me preparaba para salir no había notado que mi compañero estaba sentado frente a mí con una sonrisa.
-Te choteo como a perro- fue lo que me dijo sonriendo
-No ando interesado en tener algo con alguien que trabaja en la misma empresa que yo- se lo dije para dejar sentado que no me interesaba en lo absoluto y además sentía que de esta forma dejaba en algo libre mi honor, mi persona, ya que sentía que se me estaba menospreciando, aunque no me molestaba, pero mejor no permitir cualquier intento de burla, se dice que a la primera aleteada del gallo hay que cortarle las alas.
-ya, ya- con cara poco amistosa y más por el contrario despreciativa con esa sonrisa que dibujaba su rostro se me acerco y me dijo –tú pagarás el almuerzo y yo el hotel-
-¿Cómo?- Pregunté
-la voy a invitar a salir, aprende y sufre-
-Y si no lo consigues- pregunté
-Te doy el importe de lo que me costará la cena-
-Me parece justo- le respondí y fue así como acepté la apuesta

Se levantó se acercó a la nueva compañera, los vi que él iniciaba un dialogo, luego termine de ordenar mis expedientes y los escuche reír, ella disfrutaba mucho, giré a verlos y ella se acomodaba el cabello mientras se reía.
-Acabo de perder dinero y con la falta que me hace, joder- pensaba así mientras salía de la oficina dejando atrás a ambos y bueno llevando conmigo mi honor, a ver si afuera de ésta oficina alguien decide echarle tierra.

El almuerzo fue agradable, agradable porque comí pescado y como siempre tome una gaseosa, almuerzo solo, es muy agradable o ya me he acostumbrado, cuando te acostumbras a algo, a un ritmo de vida, los acontecimientos agradables o desagradables se mimetizan de tal forma con el que hacer diario de nuestro vivir que resultan invisibles por la fuerza de la cotidianidad.

Presente mis expedientes y eran las 4:25pm y ya había atendido a un cliente y estaba preparándome para salir de pronto ahí estaba ella, mi compañera nueva, pasaba frente a mí cual triunfadora, con el cabello húmedo, la mirada en alto, una sonrisa cercana-distante, ganadora, triunfadora por donde la vieras parecía llegar de haber matado a un héroe, haber dado muerte a un toro de lía y toda triunfante y oronda pasaba frente a mí o frente a los que estábamos en la oficina, busque a mi compañero y no estaba, lo primero que se me vino a la mente es –vaya recién llega del hotel- ni bien ella se acomodaba en su modulo entraba mi compañero, se lo veía contento pero agotado, su rostro no desentonaba con la corbata abierta en exceso, la camisa desabotonada de los primeros ojales lo vi sentarse rendido en su sitio y recordé como había pasado la abogada y pensé –bueno en el sexo ellas tienen más capacidad de recuperación y puedo comprobar que no se puede adivinar fácilmente si tuvieron sexo o no, en el hombre es algo más sencillo basta con verles la cara- vi a mi compañero acercarse, me dejó un expediente al abrirlo noté que había una factura de un restaurant.

Luego se regresó a su modulo, yo me levanté, camine hacia su modulo y le dije -Deseo ver la factura del telo, solo así pagaré esto- mientras le devolvía el expediente con la factura adentro.
-¿Qué, no sabes perder? – preguntó
-Si se perder, pero solo veo una parte, hasta de mí hubiera aceptado invitarla a almorzar, pero eso no dice que se haya acostado conmigo, vamos, venga, muéstrame la factura del telo- pensaba, si ver esa factura me devolvería en algo el honor, ¿mi honor estaba en juego o sólo era mi machismo o mi ego?
Hubo un silencio entre ambos mientras nos mirábamos, de pronto mientras abría el expediente y hacia una bola de papel con la factura me dijo
–Es una feminista de mierda- y arrojo esa bola de papel al tacho de basura.

Me contó luego que fueron a almorzar, mientras bebían un vino dialogaron de muchos temas luego tenían que volver al trabajo él sugirió un momento de relajo y un baño y ella aceptó, ella le pidió que la lleve a su departamento (élse entusiasmó hasta los huevos), le invitó a entrar le pidió que la espere en la sala y mientras se preparaba (revisó su billetera y si tenía un preservativo, curioso él dice que nunca lo usa, por eso siempre lo lleva) ella tardó como una hora.
Salió bien bañada vestida y le pidió que la llevara a la oficina.
Feminista de mierda¡¡¡
Ahora cada vez que pasa frente a mí con su escultural belleza, su garbo, su seguridad al andar, su feminismo (de mierda como dice mi compañero) la miro y me digo a mí mismo
-Con el feminismo no solo ganan las mujeres, también ganamos algunos hombres-
Y provechoo¡¡¡

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