Su mirada se perdía entre aquella multitud que iba y venía, ella sentada con las piernas cruzadas con aquella blusa blanca con rayas celestes, su cabello más corto de lo usual jugaba con el aire, se acomodó las gafas para leer, tomo la taza de la cual sorbió un poco, cerró los ojos y se vio caminando descalza a orillas del Ganges, miró el cielo, buscando aquel sol anaranjado y lo vio, se agachó levemente y tomó un poco de agua en su mano –si te concentras puedes ver la sonrisa de quien amas en la superficie del agua- al escuchar esto volteó para ver de quien venía la voz, de pronto vio una sonrisa, en su intento de ver bien de quien era esa sonrisa abrió los ojos y de pronto estaba ahí sentada en aquel café, en aquella media tarde, vio sus ojos reflejados en el café –Era que pida un helado como siempre- se dijo en voz baja, dejo la taza en su plato y tomó un libro, lo había comprado minutos atrás, quiso sacarle la funda de plástico pero no se atrevió, sentía que el libro era para alguien, quien sabe, la misma persona de la sonrisa.
Mientras miraba el libro sintió que algo la llamaba, dejó el libro sobre la mesa, cruzó los dedos de sus manos, deposito su quijada en sus manos y se quedó mirando a la multitud, creyó ver algo, de pronto se puso de pie, su pecho palpitaba más y más fuerte entonces comenzó a caminar orientada por ese sentimiento, cruzó la pista, ya en la otra acera siguió caminando, miraba a las personas que iban y venían y buscaba el origen o razón de su sentir, de pronto lo vio, se detuvo, sintió que el pecho le iba a explotar, se llevó la mano derecha al pecho tratando de contenerlo, cuando lo tuvo a escasos metros sentía que desbordaba de emoción, alegría y claro nervios, no estaba segura si podría hablar, respiró profundo, cuando ya lo tuvo frente a ella le dijo:
-Sabes, no me conoces ni te conozco pero el estar frente a ti en este momento, me da la certeza que tú y yo somos pareja y por favor no me digas que te lo explique, son pequeños detalles que no podría explicar en este momento-
Entonces él la quedo mirando y le preguntó -¿Cómo, de que hablas?-
-Que somos novios- le respondió ella.
Él la quedó mirando -¿Debo llamar a la policía o al manicomio?- le dijo mientras empezaba a sonreír, ella al ver esa sonrisa, se percató que era la misma sonrisa que vio a las orillas del Ganges, entonces le dijo –Llámame por mi nombre- nerviosa y ruborizada cerró los ojos.
Al abrir los ojos supo que había amanecido y ya estaba despierta, hizo a un lado las sábanas, se sentó en la cama, buscó sus pantuflas, se puso de pie, salió de su habitación, se dirigió a su cocina, puso agua a hervir, vio una olla y se dijo que ese día haría ceviche, luego se dirigió al baño, se desvistió e ingresó a la ducha, empezó a tararear una canción mientras se duchaba, de pronto se vio a ella misma cruzando la pista, esta vez llevaba un sonrisa en el rostro, sus ojos brillaban, porque en esta ocasión ella sabía que rostro buscar, que ojos mirar, de que sonrisa disfrutar, esa alegría que llevaba dentro de sí se podía ver claramente, porque cruzaba la pista tarareando.
Casi llegas a....
ResponderEliminarLos puntos suspensivos le dan mucho margen a mi imaginación, confioque le haya gustado.
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