lunes, 26 de noviembre de 2012

El Universo, los tercermundistas y quién sabe yo



 
 

Me encontraba en la oficina, había sido una mañana pesada y ya por la tarde se visualizaba similar, un día de esos en que lo mejor es que termine de una vez, en eso entró una señora a la oficina, llegó con su bebe de meses de nacido, se sentó en mi módulo y comenzó a preguntar sobre los requisitos mínimos para que se le pueda atender, entonces yo comencé a explicarle, el bebe ni bien me vio se puso a reír, entonces lo primero que pensé fue –Tendré la cara de payaso-
Continué dando los requisitos a dicha mujer pero su bebe no dejaba de reír, le quede mirando y le dije –Hola pequeño- al escuchar dirigirme a él empezó balbucear cosas en medio de risas, fue tanta la alegría de este bebe que no pude evitar dejar de hablar a su mami y comencé a hablar con él, entonces no sé el porqué pero le pregunté a su mami si podía alzarlo, ella accedió, en un primer momento dudé en alzarlo, yo pensé que se asustaría y empezaría a llorar pero al verlo tan sonriente me puse de pie y fui a alzarlo, grata fue mi sorpresa al ver que el bebe no se había asustado sino que siguió riendo, al tenerlo en mis brazos sentí que llevaba el peso de mi mundo en mis brazos, pero ese peso no me cansaba, era liviano pero sentía una gran responsabilidad, entonces me animé a acariciarle la naricita en eso tomó con su manito mi dedo y sentí tal paz y felicidad que me quedé helado y sorprendido, petrificado por unos segundos.

Mi vida no está pasando por un gran momento, he de confesar, mi vida sentimental es como llevar a la luna a un planeta sin vida en donde no hay quién le cante o la espere, mi vida familiar es testigo  de como los seres que amo sucumben al tiempo o a las enfermedades, mi vida laboral está pasando por un bajón propio de la economía que yo entiendo pero que procuro paliar pero que no logro superar por más que me esfuerzo, es decir, ley es ley y hay que acatarla, yo en todo momento me he mantenido seguro, no quisiera cometer un error porque ya no tengo la edad para cometerlos y sobre todo ya no tengo mucho tiempo, así que busco hallar lo bueno en lo malo -las cosas pasan por algo bueno- es lo que me repito siempre, no me permito que lo que ocurre me doblegue, debo seguir para adelante, realmente confieso que no tengo un norte definido, allá a los lejos está lo que busco, pero realmente no lo visualizo, y no busco ni imaginarlo, ya deje atrás el periodo donde yo hacía de los escombros de mi vida mi morada, hoy me siento libre, fuerte, decidido, confiado y continuo, acepto no con resignación, ni dócilmente los embates de la vida como si fueran las olas del mar, esta vez no me tumban pero me cubren, me empapan y cuando se retiran se llevan algo de mí que ya no me atrevo a buscar o recoger, hoy me mantengo firme, adolorido pero firme, estoy siendo cada día más yo.
 Siempre he pensado que el Universo tiende a dejarte un mensaje, una forma de decirte que está contigo aunque tú no lo sientas, que está ahí contigo apoyándote aunque uno no lo vea, cuando tuve a aquel bebe en mis brazos, sentí por unos segundos que yo salía de mí, salía de la oficina, que me unía al Universo y éramos uno, sentí tal paz, tal felicidad que supe en ese momento que el Universo me estaba premiando por mi perseverancia, por la actitud que estoy tomando ante la vida, por mantener la calma, por ser objetivo o cerebral en momentos en antes me hubiera sumergido en el descontrol espiritual y por ende emocional y psíquico, pero esta vez no es así, esta vez al tener a aquel bebe sentí que salía de un túnel y podía sentir el calor del día en mi rostro, aquel bebe fue el vector que me llevó a desaparecer de donde estaba y ser parte del todo y al mimetizarme con el Universo, es decir, ser todo, por fin supe lo que se siente vivir bien en paz contigo mismo principalmente y con el resto de las personas, sin deberle algo a alguien, sin herir a alguien, por fin llegué a ese momento en la vida en que estás tú contigo mismo y estás tranquilo y aunque inconforme porque desearías que algunas cosas no cambiaran, aceptas que cambien como cambia tu rostro cuando suma una arruga más o tu cabello suma otra cana y esos detalles nos invitan a reír con mayor felicidad, porque ignorando lo que encontraremos detrás de la colina, eso ya no importa porque sabemos lo que llevamos y por lo tanto lo que podemos ofrecer.

No voy a asumir el rol de agorero al anunciar que el mundo se acaba este 21 de diciembre como dicta la profecía maya, no para nada, pero si ocurriese, créanme si les digo que en el más allá hay tal paz y felicidad que sentirán que valió la pena vivir, como dijera el político, filósofo, escritor y orador romano Marco Tulio Cicerón Para vivir como es debido, el breve tiempo de la vida resulta bastante largo”. Entonces creo que debemos aprovechar cada instante de nuestra existencia, asumiendo nuestros errores y nuestras virtudes con la misma objetividad, humildad y silencio, la vida es un constante aprendizaje y al menos he descubierto que tiempo tenemos  al final cuando todo acabe sólo llevaremos lo que hayamos alojado en el alma, porque hasta nuestro cuerpo físico lo dejaremos.
Después de haber tenido este regalo del Universo dejé al niño con su madre, me enfoqué en mi trabajo, la mami de este bebe no calificó para que la pudiera atender y se tuvo que marchar, así que con mucha alegría me despedí de aquellos ojitos negros que me sonreían y en los cuales no necesité verme, solo les agradecí con una sonrisa, me puse de pie y les dije a mis compañeros:

-Saben, si este 21 de diciembre se acabara el mundo créanme que sería un premio por lo que hallaremos tras la muerte, esa paz, esa felicidad en el alma es indescriptible-

En eso una voz como la mía dijo:
-¿Crees en los mayas?, ya pues no te pases, mira te digo, en primer lugar sólo salen por la televisión y segundo fueron tercermundistas, baaahhh lo que faltaba creer en tercermundistas-


 
 
 
 





lunes, 12 de noviembre de 2012

Todo cambia



Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño


Cambia el más fino brillante
De mano en mano su brillo
Cambia el nido el pajarillo
Cambia el sentir un amante

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Cambia, todo cambia
Cambia, todo cambia

Cambia el sol en su carrera
Cuando la noche subsiste
Cambia la planta y se viste
De verde en la primavera

Cambia el pelaje la fiera
Cambia el cabello el anciano
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Pero no cambia mi amor
Por mas lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi tierra y de mi gente

Y lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana.

Julio  Numhauser



 
 
 

martes, 6 de noviembre de 2012

Lucrecia, el helado y yo



Yo no recuerdo cuando conocí a Lucrecia y estoy convencido que Lucrecia diría que me equivoco al decir cuando y como nos conocimos, les diré, recuerdo que la primera vez que la vi fue en un concierto de rock subterráneo en una segunda planta de una casona frente a la plaza mayor de Trujillo, ahí fue que conocí a Lucrecia en medio de marihuana, alcohol, música y amigos, y luego –según yo- la volvería a ver a los pocos días cuando corría tabla en Huanchaco, pero claro, ella dirá que fue al revés, de ambos encuentros ella y yo coincidiremos en decir que no pasamos del saludo. La primera vez que tuvimos una conversación -corta, pero conversación al fin- fue cuando yo pregunté el por qué teníamos una misa negra en la sala de una casa y no en un cementerio, por ésta interrogante fui expulsado de aquella sociedad creyente y adoradora de Satán por irrespetuoso y hereje, Lucrecia salió de entre las sombras me alcanzó y me dijo que tenía razón y que ambos deberíamos ir al cementerio y tener una misa negra como se estila, así fue que nos embarcamos en un taxi hasta el cementerio e iniciamos una misa negra entre ambos, dicha misa negra fue suspendida inesperadamente no por Cerbero y sus semejantes, sino por los perros del celador del cementerio, ya en la calle en medio de risas nos despedimos.


Una tarde fui a visitar a unos amigos y uno de mis amigos nos pidió que le acompañáramos a la casa de una chica que estaba pretendiendo, así fue como acompañamos a mi amigo para darle un apoyo moral, de género y para ver que tal estaban la musa y sus amigas. Grande fue mi sorpresa al encontrarme en aquella casa con Lucrecia, no la había visto desde nuestra última aventura en el cementerio y de eso ya hacía como 2 ó 3 semanas atrás. Lucrecia como siempre tomó la iniciativa, al sentarse junto a mí me dijo:

-No entiendo porque el Universo se esfuerza siempre en cruzar nuestros caminos, pero quiero descubrirlo, así que ésta noche, ni se te ocurra moverte de mi lado-

Yo con una risa medio nerviosa, media asustada le respondí:

-Según Wilkie Collins lo que vaya a ocurrir entre un hombre y una mujer, es la mujer la que lleva la voz cantante-

Ella me miró, y me dijo –saliste lector- después de mirarme detenidamente comenzó a hablarme de las cosas que les gustaban. Y la noche transcurrió tranquila y amena para ambos a tal punto que nos olvidamos del resto. Cuando salimos de la discoteca (no recuerdo cómo fue que fuimos) me pidió mi número de teléfono, se lo di, me dio el suyo, me llamaría a las pocas horas para decirme si me había percatado en qué momento su prima se fue con otro de mis amigos y no con él que supuestamente iba camino a ser el enamorado, le respondí que no me había dado cuenta y empezamos a reírnos de lo sucedido, en especial de mi amigo que nos invitó a que le diéramos valor para declararse y resulta que otro le quita la chica. Luego nos citaríamos para vernos otro día y así entre visitas y llamadas telefónicas pasaron unas semanas, una noche mientras escuchábamos música me miró y me dijo:

-Ju, ¿Cuándo piensas pedirme que sea tu enamorada?-

Yo la miré y le dije –Cuando sepa que me dirás SI-

Me miró algo molesta y dijo –Pero si nunca preguntas, ¿cómo lo sabrás?-

-No lo sé, imagino que se siente, se puede ver en los ojos- le respondí

Me miró, hizo un ademan y gritó –Baahh déjalo así- luego se puso de rodillas frente a mí, me tomó el rostro con sus manos, acercó lentamente sus labios a los míos mientras cerraba los ojos, nos besamos, luego se puso de pie, mientras yo seguía sentado en el sofá, besó la yema de su dedo índice y lo colocó luego en mi frente y me dijo –Así se hace niño tonto, la felicidad se toma ya sea con delicadeza, ya sea con dureza pero se toma fundamentalmente con amor- yo sorprendido, emocionado y ya en ese momento enamorado la veía dirigirse a su cocina.

Así comencé a vivir la etapa más bonita de mi vida universitaria, solía esperarla cuando terminaba sus clases o ella me esperaba a mí, íbamos al cine, a la playa, a fiestas, escuchábamos música, platicábamos de diversos temas y hasta donde recuerdo nunca discutimos.

Lucrecia me llamó una tarde para informarme que había decidido a última hora hacer una fiesta por su cumpleaños, inicialmente había pensado que deberíamos ir de campamento pero optó por la fiesta dado que ya estábamos ad portas de rendir nuestros exámenes parciales y no podíamos descuidar nuestros estudios, para mí eso de descuidar nuestros estudios no había ningún problema, pero ella me creía estudioso y responsable, no sabía el por qué, así fue que me vi en la obligación mental de pensar que tenía que regalarle para su cumpleaños, estuve pensando por días hasta que llegó el día de su cumpleaños y para ese día el único dinero que tenía no alcanzaba ni para un peluche, entre el pago de mi habitación, las fotocopias de los libros (no tenía dinero para comprarlos) mis cigarros y mi comida, en mis bolsillos solo cabían mis dedos y aire, me daba vergüenza recurrir a mi padre (vivía en la misma ciudad que ellos, pero yo rebelde opté por mudarme y vivir solo) y ese día lamenté esa decisión, ni modo, entonces recurrí a la tienda de la señora que me alquilaba el cuarto (quedaba en la primera planta) y tras un minucioso escaneo de la misma le pedí fiado un pote de helado de un litro, papel de regalo y una cinta, luego le pedí que lo guardase en su refrigeradora y que por la noche lo recogería.

Llegada las 9pm recogí el pote de helado envuelto en papel de regalo y me embarqué a casa de Lucrecia que vivía en una zona residencial, vivía en un barrio muy “in” donde la pobreza está “out” y para llegar a su casa en carro, los vigilantes debían de tener registrado tu nombre, apellidos, placa del carro y hasta tu número de cuenta en el banco, así que para evitarme una vergüenza le dije al taxista que me dejara en la esquina y caminé unas seis cuadras aproximadamente para llegar a su casa.

Ya estando en casa de Lucrecia me abrió la puerta una amiga de ella que me saludó afectuosamente, me dijo que ella estaba en la sala con sus invitados, al llegar frente a ella, corrió hacia mí, me dio un beso y al ver mi regalo se alegró, yo le pedí que lo abriera en un lugar privado donde no haya muchas personas (tenia vergüenza que los demás vieran que solo era un pote de helado y encima fiado) así lo hizo, me llevó a su cocina y noté que lo abrió sin romper el papel de regalo, al ver de que se trataba me dijo que cuando lo comiese sentiría que yo estaba con ella, salimos de la cocina y nos dirigimos a la sala y estuvimos compartiendo con conocidos y amigos.

Como a la hora llegó un sujeto del cual no he mencionado algo hasta ahora pero que me veo en la obligación de mencionarlo, así que resumiré, era un tipo que trabajaba en un banco, cinco años mayor que nosotros (en ese entonces nosotros teníamos 20) y que creía que la conquistaría al demostrarle que él tenía dinero, trabajo, carro e impresionándola al hacerle regalos carísimos, en fin un sujeto como cualquier otro, esa noche no fue la excepción, ya habíamos tenido algún que otro encuentro pero llegaban a simples risitas burlonas por parte de él y una mirada seria y despreciativa de mi parte, a Lucrecia no le hice saber sobre esos momentos, bueno, como dije, aquel sujeto llegó a la fiesta pero lo hizo con un oso de peluche del tamaño de Goliat, enorme peluche que era trasladado por él y su amigo, detrás una torta con velas y de fondo musical un conjunto de mariachis, es decir, realmente parecía el novio, Lucrecia reía, la vi tan contenta que mis celos me los tuve que tragar y quedarme ahí a un lado, él ordenó que al oso lo sentaran, cosa que hicieron y fue gracioso ver al oso ahí sentado como un invitado más, yo en ese momento no reí, terminaron de cantar los mariachis y comenzaron a poner temas y él empezó a bailar con ella, mis amigos me miraban, hablaban de cualquier cosa, pero yo sabía que ya era la comidilla de esa noche, Lucrecia de vez en cuando se acercaba a preguntar si todo estaba bien, pero aquel sujeto la llamaba y ella iba a su encuentro, entonces supe en ese momento que el dinero no dará la felicidad pero si te deja a un paso de ella, entonces evalué el momento y noté que él había tenido detalles que digo detalles, detallazos para con Lucrecia, me era y hasta hoy me es imposible poner en un plato de la misma balanza a mi pote de helado y en el otro al oso, la torta y los mariachis, yo amaba a Lucrecia, entonces opté por una darme una dignisimavergonzosa retirada, así fue que cuando comenzó una canción y ellos bailaban en medio de aplausos y bromas de los demás yo dije que iba al baño pero realmente me dirigí a la salida, cuando abrí la puerta para irme, en ese momento llegaban la prima con un sujeto que nunca había visto, me saludo y me preguntó a donde iba y le dije que a tomar aire, ella siguió su camino, cerré la puerta y comencé a caminar, recién eran las 11pm y el camino hasta la avenida se me hacia largo, yo solo quería huir y no volver la mirada atrás y fue así que comencé a caminar y en mi mente veía a Lucrecia sonriendo, pero esas sonrisas no eran para mí sino para el otro sujeto, entristecido y derrotado le deseaba lo mejor, me alegraba saber que al día siguiente o no sé cuando comería el helado que le llevé y luego nada.

Ya había caminado dos cuadras cuando escuché que alguien me llamaba, volteé y me di cuenta que era Lucrecia que corría hacia mí, me miró, me preguntó a donde iba, le respondí que a comprar cigarros (le mentí) me miraba, miraba alrededor, me volvía a mirar, se quedó muda y sus ojos estaban acuosos y tristes, me esperé lo peor, entonces ella me pidió que la espere unos minutos, yo le dije que la esperaría y se regresó a su casa. A los pocos minutos ella estaba de regreso, la vi que traía el pote de helado en sus brazos, agaché la cabeza, imagine en milésimas de segundos que me devolvía el pote, me diría discúlpame o algo así y luego se marcharía, así que respiré hondo y dibuje una sonrisa en mi rostro, cuando ella estuvo frente a mí me pidió que la acompañe, caminamos en silencio unas cuadras y llegamos a una plazuela, ella se dirigió a una banca, se sentó, me pidió que me sentara, luego me dijo:

-Hoy es mi cumpleaños y en éste día yo deseo regalarme algo de felicidad, para eso solo necesito de tu presencia-

Sacó un par de cucharas y abrió el pote y agregó:

-Te dije que cuando comería el helado tú estarías a mi lado-

Esa noche Lucrecia y yo hablamos de muchas cosas, me enteré por ejemplo que la primera que nos vimos fue en Huanchaco (y si, yo insisto que fue en un concierto) y que le impactó lo que dije cuando regresaba luego de correr unas olas, que fue “Me gusta el surf porque en el mar soy una botella vacía que busca llenarse con un mensaje, en tierra ya soy una botella con un mensaje” también me comentó que me volvió a ver en el concierto y le impresionó que yo esté más impactado por la arquitectura y el material de la casona que por la música en sí, cuando salimos del cementerio y nos despedimos, se subió al taxi y ella recordaba que por impedir que los perros la mordieran me puse a pelear con ellos, desde el muro observaba como yo en el suelo agarraba a puñetes y trataba de patearle los testículos a un doberman y a la vez otro perro me mordía las orejas y yo no me atreví a darle un puñete a dicho perro porque era un perro enano y seguía peleando con el doberman, ella iba recordando eso en el taxi cuando iba camino a su casa, en medio de sus risas el taxista le dijo que ella estaba enamorada y ella solo se reía, también me enteré que después de aquella vez me volvió a ver en su salón de clases, pues si, aunque parezca extraño e ilógico pero mi curso fue a dar examen de estadística al aula donde estaba Lucrecia y sus compañeros rindiendo examen, ocurre que mi catedrático también enseñaba a su carrera y decidió tomar un examen a ambas carreras juntas, el examen estaba programado para 2 horas y yo lo resolví en 20 minutos, cuando yo salí del aula y tras revisar el examen nuestro profesor dijo que el examen lo había hecho muy fácil dado que alguien lo había resuelto de forma aprobatoria en pocos minutos, también descubrí que Lucrecia conocía mi gusto por las mochilas, me había contado 4 modelos diferentes y que yo tenía como preferida a una tejida de lana, así que cuando me vio en casa de su prima supo que era el momento para por fin no separarnos.

Esa madrugada hablamos, reímos, bailamos, comimos helado, nos besamos, nos amamos y el alba nos encontró, a Lucrecia dormida, recostada en mi pecho y abrigada por mis brazos, mientras que yo olía su cabello y me mantenía en vigilia, cuando despertó me pidió que nunca la deje de amar, yo le dije que imaginara todo el helado del mundo y que supiese que mi amor era mil, un millón, que va un trillón de veces más grande, mi amor era inagotable, entonces Lucrecia sonriendo me dijo que si engordaba de amor sería porque es feliz.

Saben, ahora cuando alguien me habla del amor y de sus detalles, yo suelo decir que son variados que sólo basta de la imaginación y listo, pero pocas veces o casi nunca viajo a mi pasado, pero cuando lo hago -como es en ésta ocasión- suelo abrir ciertos baúles que tengo cerrados, ahora abrí el de Lucrecia, el en su interior contiene un manantial el cual brilla, en el cual puedo ver reflejado más de un bello detalle de amor, detalles que se eternizan en el alma, puedo ver en aquel reflejo una plazuela, una banca, el amanecer, los primeros rayos del sol, dormida Lucrecia, el helado y yo.