domingo, 27 de julio de 2014

Consuelo


 

Era una tarde hermosa, el cielo nublado, una garua tan delicada y persistente que mojaba las calles, la típica tarde de invierno, sentado en mi módulo preparaba un expediente, recién eran las 16 horas, así que tiempo como que tenía, enfocado en mi trabajo no me percaté que tres personas estaban de pie frente a mí, una de ellas levantó la voz para saludarme, razón por la cual dejé de hacer lo que estaba haciendo, las saludé, luego pedí disculpas por no haberlas visto llegar y les pedí que se sentaran.

Inmediatamente reconocí a uno de ellos, es un cliente al cual atendí meses atrás, al verlo acompañado sabía que me esperaba lo peor, esperé unos segundos para que los tres estén cómodamente sentados, y sin dejarles hablar me dirigí a mi cliente y le dije:

-Confío que me traiga buenas noticias, para las malas esta tarde no tengo paciencia ni humor-

Ante esto, el hombre que lo vi deseoso de hablar bajó la mirada, en eso habló la mujer, me dijo que era su hermana y que venía a acompañar a su hermano porque éste había tenido una perdida, lo cosechado no le permitía pagar la totalidad de su deuda, solo una parte y que dinero en si ya no tenía porque había optado por sembrar nuevamente.

Ante esta declaración lo quedé mirando molesto y le dije:

-¿Cómo que no tienes dinero para pagar tu deuda?, ¿preferiste sembrar y no venir a pagarnos?, sabes que tienes un compromiso moral, el cual es pagar tu deuda, hemos confiado en ti, hemos creído en ti por tal razón se te otorgó un crédito, porque estábamos convencido que lo devolverías pero ahora estás acá y tu hermana me dice que no pagarás, ¿crees qué eso es lo correcto?-

Iba a continuar hablando pero fui interrumpido por el segundo sujeto que se presentó y me dijo que el sacerdote del centro poblado en donde viven, para esto pensé -¿Qué coño hace un cura acá?- y comenzó a decirme que su presencia se debía a que  mi cliente era una persona respetada en donde vivía, gozaba del respeto de todos los moradores de dicho lugar, pero que por cuestiones ajenas no había podido lograr tener el ingreso para que pueda hacer frente a su deuda y que apelaba a mi sensibilidad y comprensión para que pueda ayudarlo.

Lo quedé mirando y le dije:

-Padre no deseo que tome a mal mis palabras, se las digo con respeto, quiero que entienda que usted no está en la beneficencia sino en una financiera, acá no regalamos el dinero, acá lo prestamos para que las personas cuenten con el fondo necesario para que inviertan y tengan ganancias al final-

Fui interrumpido por la hermana que me dijo que apelaba a mí sensibilidad de padre y a Dios para que ayude a su hermano, cuando dijo Dios no pude evitar esbozar una sonrisa, yo no creo en el Dios antropomorfo de los monoteístas, así que le dije muy cortésmente que Dios no tenía nada que ver en esta situación, que quién debía pagar la deuda era su hermano y no Dios.

 Entonces mi cliente habló:

-Amigo, yo no creo en Dios, pero si Dios existe, me queda el Consuelo de que no es todo lo poderoso que dicen que es y que lo puede todo como dicen, porque él no logró que yo fuera feliz, en éste momento no tengo fé ni tengo dinero, pero si necesito que usted me ayude-

Lo quedé mirando sorprendido y he de confesar que con mucha admiración, el rostro del cura y su hermana eran de –la cagó- pero yo pensaba diferente, le pregunté si había traído dinero, me respondió que si, entonces le hice firmar la documentación necesaria para un refinanciamiento, le dije que haga el pago, que luego suba el voucher y que al día siguiente le haría una visita a su campo.

Cuando se marchaba no pude evitar ponerme a pensar en sus palabras que se repetían en mi cabeza a cada instante y entonces entendí o creí que ese también podría ser mi consuelo.