lunes, 7 de diciembre de 2020

Como me hice creyente

 



Cursaba la secundaria cuando en una ocasión un amigo me dio dos discos de vinilo para escuchar, eran discos de su padre que su hermano mayor los había tomado, una era el “Stop” de Eric Burdon y el otro disco el “House of the Holy” de Led Zeppelin, imagínate a los 12 escuchar el “Houses of the Holy” era como si alguien te dijera –Te gusta mirar el cielo por las noches, bueno, te hablaré de la teoría de cuerdas-  

Entenderás que era algo totalmente inentendible, bueno, eso me pasó con ese disco de Led Zeppelin al cual  no lo entendía, me superaba, no podía entrarle a los acordes, al ritmo, a la voz, escuchaba más el de Eric Burdon. A pesar que traté de entender a Led Zeppelin el por qué eran considerados como una buena banda,  no lo logré. Con el tiempo escuché el Led Zeppelin 4 o el Osho, el sin título y fue el primer disco que me gustó todas las canciones, además escuché otros discos y bueno, ahí estaba yo sabiendo que eran buenos, me gustaban, solo eso. 


Cuando estaba en la universidad leyendo un libro sobre arte leí una frase de Picasso “Los grandes artistas copian, los genios roban” entonces decidí llevar esa frase a la música, para entonces yo me dedicaba a quemar discos y venderlos, los discos eran pedidos de los clientes y otros eran las canciones que para mí eran buenas. Imagínate, me pagaban por hacer lo que me gustaba, seleccionar música. 


Teniendo de base esa frase, decidí quemar canciones de bandas o cantantes que habían sido famosas pero que se las habían “robado o copiado” de otras bandas, comencé y me di cuenta que con Led Zeppelin tenía varias canciones, entonces lo entendí, estos tipos agarraban uno que otro acorde y lo transformaban en algo diferente, magnífico, sobresaliente. Me di cuenta que basado en la frase de Picasso estos tipos eran unos genios, mientras más los escuchaba más maravillado estaba, si, estos tipos son unos Genios, realmente son unos Dioses, pueden edificar un paraíso en una canción de acordes no tan olvidados. Total, tarde o temprano uno se vuelve creyente con los años. 


Con el correr de los años entendí algo, uno nace sin creer en dios alguno, conforme va descubriendo las maravillas del mundo va creyendo y llega un momento en que te das cuenta que cuando la artificialeza es sublime entonces hay un genio detrás, pero cuando son muchas, este genio se vuelve un dios, lo endiosas no porque lo creas divino a él sino porque es divino lo que su creación genera en ti y sabes que no bastará este Universo para explicar y/o borrar eso que es más que materia.  





sábado, 25 de enero de 2020

Déjame ver








Llegué  a casa del trabajo como cualquier otro día entré a la cocina y ahí estaba ella sentada con una sonrisa, me acerqué, le di un beso en la frente con un -Hola Cosita Rica- y le pregunté si estaba lista para que vayamos a almorzar, me dijo que no porque ese día almorzaríamos en casa.

-Pero nos saldrá re carísimo comer en casa, somos dos y comer en la calle nos saldrá más barato, no gastaremos en ingredientes y lava vajillas esto sin contar el tiempo de cocinar que a veces no tenemos- le dije con una sonrisa.

Me puso una cara que me fue fácil saber que mi argumento le molestaba, entonces me senté, resignado a esta nueva etapa de la relación mostré una sonrisa, sonrisa que me costó mantener al ver mi plato, las tres cuartas partes del plato era ensalada, arroz prácticamente una pizca y una presa de pollo frito, ella se sentó y tenía un plato similar, luego me miró a los ojos y me preguntó:

-¿Cómo te fue hoy?-

 Yo mirando mi plato le dije:

-Bien, ¿Qué tenemos para beber?-

-Agua- Me respondió y agregó -La gaseosa es muy dulce y debemos cuidarnos-

-Claro… pero de vez en cuando podemos tomar una… digo-

Ella sonriendo mientras comía y moviendo su tenedor de arriba abajo me dijo que si. Comencé a comer, el arroz salado, el pollo sin sal y medio frito y la ensalada la hizo con vinagre y no con limón. Pensaba como iba a salir de esta, no pretendía herirla, se había esforzado pero como decirle que su comida era un total desastre, que no me gustaba para nada, me costaba tanto comer como pensar la forma de salir de dicho momento, ella hizo una exclamación de sorpresa y se puso de pie, salió corriendo de la cocina, yo aproveché para buscar en la cocina a nuestro perro… -demonios, no tenemos perro ni gato, ¿Cuándo fue que decidimos no tener mascotas?- Bueno no importa, ahora lo lamentaba, -para la bitácora, evaluar la posibilidad de adoptar un perro o mejor una iguana con tanta ensalada que hace- pensaba en ese momento, miraba el plato de pronto me llegó un mensaje de texto al móvil que decía:

-Voy a la librería debo comprar unas hojas para presentar mi informe mañana-

Escuché que se cerraba la puerta, me puse de pie agarré una bolsa negra la llene con casi toda la ensalada, todo el arroz y el pollo, luego la puse en el fondo del deposito de la basura, encima eché la poca ensalada de tal forma que se viera debido a ella sabe perfectamente que odio la ensalada así que si no botaba algo sabría que no comí su comida.

Salí de la casa rumbo al chifa, hay uno a una cuadra de donde vivimos, era la 1:38pm así que hay una posibilidad de que esté abierto, la librería está a dos cuadras y conociéndola le tomará unos veinte minutos o más entre comprar micas, hojas, faster y fólder.

Entré al chifa, a la muchacha que atendía le pedí que me llevara a un lugar reservado, así lo hizo, al entrar ahí estaba mi novia sentada, me quedó mirando luego yo la miré, miré a una mesa, estaba contrariado, sentía vergüenza pero ella estaba ahí, lo que hice fue sentarme en otra mesa, la dejé a ella sola en su mesa, vino la chica me dio la carta hice mi pedido, esperé y almorcé.

 El almuerzo fue en silencio, no nos hablamos, no nos miramos, ella como yo revisamos nuestro móvil, bueno, eso hice yo e imagino que ella hizo lo mismo, no pensé absolutamente en nada solo disfrutaba de mi almuerzo.

Terminé primero que ella (como siempre) pagué y salí, sin verla, me dirigí a casa sin saber como reaccionar, a los minutos ella llegó, estaba en la sala, me vio y me dijo -Aún no abre la librería- y se dirigió a la cocina -¿Qué hacías?- me preguntó.

-Jugaba en la computadora, supongo que la librería abre a las cuatro- le respondí, luego me fui a la computadora a jugar un momento, no quería leer, no podía, no estaba concentrado, necesitaba distraerme.