Era una tarde hermosa, el
cielo nublado, una garua tan delicada y persistente que mojaba las calles, la
típica tarde de invierno, sentado en mi módulo preparaba un expediente, recién
eran las 16 horas, así que tiempo como que tenía, enfocado en mi trabajo no me
percaté que tres personas estaban de pie frente a mí, una de ellas levantó la
voz para saludarme, razón por la cual dejé de hacer lo que estaba haciendo, las
saludé, luego pedí disculpas por no haberlas visto llegar y les pedí que se
sentaran.
Inmediatamente reconocí a
uno de ellos, es un cliente al cual atendí meses atrás, al verlo acompañado
sabía que me esperaba lo peor, esperé unos segundos para que los tres estén cómodamente
sentados, y sin dejarles hablar me dirigí a mi cliente y le dije:
-Confío que me traiga
buenas noticias, para las malas esta tarde no tengo paciencia ni humor-
Ante esto, el hombre que
lo vi deseoso de hablar bajó la mirada, en eso habló la mujer, me dijo que era
su hermana y que venía a acompañar a su hermano porque éste había tenido una
perdida, lo cosechado no le permitía pagar la totalidad de su deuda, solo una
parte y que dinero en si ya no tenía porque había optado por sembrar
nuevamente.
Ante esta declaración lo
quedé mirando molesto y le dije:
-¿Cómo que no tienes
dinero para pagar tu deuda?, ¿preferiste sembrar y no venir a pagarnos?, sabes
que tienes un compromiso moral, el cual es pagar tu deuda, hemos confiado en ti,
hemos creído en ti por tal razón se te otorgó un crédito, porque estábamos
convencido que lo devolverías pero ahora estás acá y tu hermana me dice que no
pagarás, ¿crees qué eso es lo correcto?-
Iba a continuar hablando
pero fui interrumpido por el segundo sujeto que se presentó y me dijo que el sacerdote
del centro poblado en donde viven, para esto pensé -¿Qué coño hace un cura acá?- y comenzó a decirme que su presencia
se debía a que mi cliente era una persona
respetada en donde vivía, gozaba del respeto de todos los moradores de dicho
lugar, pero que por cuestiones ajenas no había podido lograr tener el ingreso
para que pueda hacer frente a su deuda y que apelaba a mi sensibilidad y comprensión
para que pueda ayudarlo.
Lo quedé mirando y le
dije:
-Padre no deseo que tome
a mal mis palabras, se las digo con respeto, quiero que entienda que usted no
está en la beneficencia sino en una financiera, acá no regalamos el dinero, acá
lo prestamos para que las personas cuenten con el fondo necesario para que
inviertan y tengan ganancias al final-
Fui interrumpido por la
hermana que me dijo que apelaba a mí sensibilidad de padre y a Dios para que
ayude a su hermano, cuando dijo Dios no pude evitar esbozar una sonrisa, yo no
creo en el Dios antropomorfo de los monoteístas, así que le dije muy cortésmente
que Dios no tenía nada que ver en esta situación, que quién debía pagar la
deuda era su hermano y no Dios.
Entonces mi cliente habló:
-Amigo, yo no creo en
Dios, pero si Dios existe, me queda el Consuelo de que no es todo lo poderoso que
dicen que es y que lo puede todo como dicen, porque él no logró que yo fuera
feliz, en éste momento no tengo fé ni tengo dinero, pero si necesito que usted
me ayude-
Lo quedé mirando
sorprendido y he de confesar que con mucha admiración, el rostro del cura y su
hermana eran de –la cagó- pero yo
pensaba diferente, le pregunté si había traído dinero, me respondió que si,
entonces le hice firmar la documentación necesaria para un refinanciamiento, le
dije que haga el pago, que luego suba el voucher y que al día siguiente le
haría una visita a su campo.
Cuando se marchaba no pude
evitar ponerme a pensar en sus palabras que se repetían en mi cabeza a cada
instante y entonces entendí o creí que ese también podría ser mi consuelo.

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