lunes, 16 de enero de 2012

La Mano de Dios




Son las 6:47am y estoy sentado en una sala de espera del aeropuerto de Barajas, mi destino es Cabo Verde, deseo conocer Cabo Verde por la música, me encanta la Morna, y de paso deseo visitar a la Diva de los pies descalzos, deseo ir y dejarle unas flores a Cesaria Evora, deseo llegar a Mindelo o San Vicente vía Praia y embriagarme escuchando a Cesaria, por eso estoy con mi mochila que es de modelo militar, mis gafas oscuras, una casaca negra, una camiseta roja unos vaqueros azules, escuchando música en un ipod que me trae más recuerdos que música.

A través de los cristales puedo ver una pista, algunos aviones, algunas aves que alzan vuelo antes que yo, habiendo llegado después, veo la hora y al tiempo se le dio por ser una tortuga, mientras miro el ipod y me pongo a seleccionar la música me entran unas ganas por dejarlo todo y tomar un vuelo a Barcelona, no sé como me iría por allá, no lo sé, total ahí tengo familia, hay hoteles, bueno, ya estoy acá, no puedo dar marcha atrás, total soy de los que la aventura les cambia el rumbo, el camino, no soy de los que cambian un camino ya elegido.

Mientras seleccionaba la música, me veía caminando descalzo frente al mar bebiendo una cerveza, mirando aquel eterno e inmenso horizonte, no sé, repito no sé, o sea ignoro, el por qué de mi nostalgia, que a mi vida le deben faltar alegrías, imagino que puede ser así, o será que ya he sido feliz antes, digo, meses u años antes y ahora me cuesta volver a disfrutar ciertos detalles de la vida que le inyectan al alma esa alegría, esa felicidad o es que en este momento soy feliz y ya no necesito serlo más, bueno, como fuese, ya me veo en una playa caminando descalzo y bebiendo.

A lo lejos escuché voces y supe que alguien está mucho más cansado y aburrido que yo, es un alivio al menos no estoy solo en el aburrimiento, en cierto punto me incomoda compartir la sala de espera, hubiera deseado estar solo, pero tengo de compañero a alguien impaciente y desvergonzado que eleva su voz de protesta y de una u otra forma ha logrado sacarme de mis pensamientos, opté por ver a mi circunstancial compañero de espera y no lo podía creer, con su mediana estatura, su rostro que en parte era enmarcado por esa barba de dos colores, su mirada, ese comportamiento propio de una persona hiperactiva, ese aura que lo rodea que es un magnetismo que se traduce en respeto, no lo puedo creer está conmigo compartiendo esta sala de espera Diego Armando Maradona, si él mismo D10S en persona, mi primera reacción fue quedármele mirando, lo segundo que hice fue seguir mirándolo sorprendido, en ese momento la tuve clara, los dioses están siempre presentes, pero de una u otra forma se nos presentan y uno debe ser quien se les debe acercar, para ellos es suficiente con que uno los vea o los sienta.

Lleno de mucho respeto y con un temor a ser rechazado por Diego, que de pasar sabría como se sintió Adán al ser expulsado del Edén, conocería en carne propia cuando un dios te margina, te desprecia, es decir, sabría lo que significa vivir en el mismo infierno, me le acerqué, Diego volteó a verme, yo algo temeroso le pregunté:

-Disculpe, ¿Ud. Es Maradona?- se lo dije sonriendo, Diego me respondió

-No, soy el Dalai Lama- y luego volteó, ante tal actitud, claramente despreciativa, no me quedó más remedio que marcharme, pero antes de irme le dije:

-Un gusto saludarlo, solo quería decirle que le admiro y lo considero un gran futbolista (consideré poco oportuno decirle que Pele es para mí el rey del futbol no por una cuestión de calidad, sino por una cuestión en cuanto al orden de llegada en el tiempo y porque es brasileño) y en mi ipod tengo una canción cantada por ud. y no es el tema Madre que canta con Pimpinela, que es realmente malo, sino el tema del Potro Rodrigo, “La mano de Dios”-

Diego me quedó mirando y me pregunta:
-¿A dónde vas?-

-A Cabo Verde- le respondí.

-¿De que parte de España eres?- me preguntó.

-De ninguna parte, soy peruano- le respondí.

-Boludo, debiste empezar por eso, decime ¿qué mierda hace un peruano rumbo a Cabo Verde?-

-Pues me gusta las mornas y de paso dejaré unas flores a Cesaria Evora-

-¿Qué viajas kilómetros para dejar unas flores y escuchar unas canciones?, vos estás loco-

Me puse a reír y le dije:
-Es algo que quiero hacer y como tengo la oportunidad de hacerlo, pues acá estoy-

Me miró y me dijo:
-Ustedes los peruanos son buena gente, gente muy trabajadora, gente humilde, están bien, eso es bueno, ya han sufrido mucho, muchos han dejado sus familias, amigos y han tenido que migrar para labrarse un futuro, hay miles de peruanos en Argentina, son muy trabajadores, pero hay otros que son unos hijos de puta, pero dentro de esa humildad, ahora son unos locos de mierda-

-Bueno, en estos tiempos ser peruano es un acto de vanidad- le dije.

-jajaja, boludo, ¿A qué hora parte tu vuelo?-

-Imagino que en breve, me dijeron que espere unos minutos que me llamarían para realizar el trasbordo y de eso hace como más de media hora, ¿Cómo va el equipo en Arabia Saudi?- le pregunté a sabiendas que su equipo no gana desde Noviembre, pero no supe que más preguntarle.

-Tenemos que mejorar, debemos plantear mejor los partidos- Me impresionó su sinceridad, al ver su rostro de preocupación y a la vez con esa mirada reflexiva agregó –debemos trabajar y esforzarnos más-

Conversamos unos minutos más sobre temas diversos, me pidió que le llame Diego y no señor Maradona, le hice escuchar la canción que tengo de él en mi ipod, hablamos de algunas anécdotas de la película de Kusturica, noté lo feliz que se pone cuando habla de su familia, en especial de su nieto, de pronto llegó una mujer y preguntó quienes iban a Cabo Verde, cuando me puse de pie me di cuenta que no era él único rumbo a Cabo Verde, Diego volteó y se percató de lo mismo, entonces me dijo:
-Voy a ir a Cabo Verde, veré porque tanta gente va-

Por estar dialogando con Diego, no me había percatado que muchas personas me miraban, claro seré sincero, por mirar a Diego era inevitable que me miren a mí ya que estaba al lado de él, estando ya de pie y viendo que la gente me miraba, le dije:
-Chau Diego, éxitos para ti-

Nos dimos la mano, nos despedimos y luego con el ego insuflado hasta el exceso, sacando pecho, con una mirada altanera y con un rostro sonriente caminé rumbo a mi avión, a los pocos metros de caminar me doy cuenta de algo, las personas lo fotografiaban y lo grababan con sus celulares, en ese momento quise regresar para tomarme una foto con él, digo, estuvimos hablando y no hay forma de demostrarlo, joder, esa foto pude colgarla hasta en mi facebook, pero no me atreví a molestarlo por una foto, lástima que nadie me creerá cuando diga que hablé con Diego, si no muestro prueba alguna, ya que decir –Conozco a Diego- es como decir –He visto un ovni- me creerían un loco y farsante, en fin, a los pocos metros mi ego se desinfló.

Saben yo sé que iré al infierno, de eso no me cabe duda alguna, pero algo me llevo de esta vida, el gusto de haber dialogado y sobre todo de haber tomado, haber palpado aquella mano que hiciera un gol a los ingleses el 22 de Junio de 1986, si, la mano de Dios.



PD: Si alguien me fotografió con Diego, mándenme la foto... es vital para mis nietos.



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