Una tarde en la que ya no tenía nada que hacer decidió mirar a la plazuela que estaba frente al edificio en el cual trabajaba, miraba las magnolias que embellecían la plazuela, las bancas, las personas que transitaban, decidió prender un cigarro y se puso a pensar en aquel hombre que había dejado tiempo atrás, se puso a pensar que sería de su vida, si él en algún momento pensaría en ella, si aun la recordaba, mientras fumaba pensaba en todo lo que la vida le brindó y ella eligió, las cosas que tomó y las personas que dejó atrás, un halo de nostalgia la envolvió.
De pronto le llamó su atención ver a una mujer que empujaba una silla de ruedas con un hombre en ella, vio como ambos elegían una banca, ella se sentaba en la banca y luego se ponían a dialogar, los vio dialogar, luego reír, al verlos compartir como compartían sonrió, luego decidió volver a sus quehaceres laborales.
Al día siguiente, antes de salir para una reunión decidió ver si aquella pareja que vio el día anterior estaban en la plazuela y grande fue su alegría al comprobar que en efecto, ellos estaban ahí juntos, tonificada fue a su reunión.
Y así fue que tomó como costumbre cada media tarde sentarse frente a la ventana, prender un cigarro y mientras bebía una taza de café quedarse a contemplar a aquella pareja, para eso todo el trabajo que tenía lo culminaba antes, procuraba no programar reuniones para esa hora y se quedaba observándolos, estaba fascinada con esa pareja, veía como él tocaba la guitarra y ella lo aplaudía, a veces él se desplazaba con su silla de ruedas a donde estaban las magnolias y arrancaba una y se la llevaba a ella que lo esperaba en la banca con una sonrisa, otras veces los vio leyendo un libro, otras veces los veía en silencio y sin hablar y ella sentía una tristeza y en silencio pedía que se reconcilien, se ponía contenta cuando eso pasaba y otras veces los vio marcharse sin hablarse y eso hacía que al día siguiente los espere y cuando los veía de nuevo riendo se ponía contenta, recobraba la alegría.
Cada tarde ella inventaba historias de cómo se conocieron, imaginaba de las cosas que hablaban, poco a poco comenzó a vivir a través de ellos, verlos felices proyectó la felicidad de la cual gozó alguna vez, recordó a aquel hombre que dejó atrás por el trabajo, recordó lo detallista que era, cuando le cantaba, al principio se dijo a si misma que cantaba mal, luego esperaba que le cantara algo siempre, recordó las veces que le leía un poema, al ver a aquella pareja de la plazuela no podía evitar recordarlo, en un momento dado comprobó que era a través de esta pareja que el Universo le decía las cosas que dejó atrás, estaba satisfecha y feliz con la ciudad con su trabajo pero si no fuera por aquella pareja no sabría cuanto tiempo más hubiera estado sin recordarlo, pero el Universo es caprichoso y tiene formas muy sutiles de recordarnos que cuando dejamos ir la felicidad esta tiende a recordarnos con el tiempo lo que dejamos ir y siempre es un recordatorio escrito en un papel hecho con fibra de nostalgia. Y así fue que todas las tardes ella era feliz a través de ellos.
Algo le llamó la atención, por primera vez en mucho tiempo ellos no llegaban a la plazuela, esta ausencia se prolongó por unas semanas, de pronto una tarde vio a la mujer sentada en la banca donde siempre se sentaba, la vio ahí sola, sin él, con la mirada lo buscó a él por donde estaban las magnolias, luego por toda la plazuela, pero no lo encontró, ella seguía sola, su pecho fue golpeado por una sensación muy cercana al vacío, no pudo evitar cierta tristeza cuando imaginaba que aquella pareja se habían separado o que aun peor él hubiera muerto y ella estaba ahí, había acudido a la plazuela a recordarlo, porque a ella se le vino a la mente las veces en que por razones que no supo y solo imaginaba vio que ambos se marchaban más temprano de lo usual y eso fue cuando la mujer lo había atendido. Ella seguía contemplando a dicha mujer cuando de pronto vio que se ponía de pie y un hombre se acercaba a ella, ambos se abrazaban y se daban un beso antes de partir. Esa escena que presenció fue muy fuerte para ella, no pudo evitar quedar contrariada, ¿qué había pasado?, lo ignoraba, solo que le quedó un sabor amargo.
Y así fue que todo cambió de una tarde para otra, aquella mujer ya no iba con él hombre de la silla de ruedas, sino que iba sola y era recogida por otro hombre, a veces se quedaban un momento dialogando y luego marchaban, ella se sintió molesta, como era posible que esta mujer mancillara, ensuciara aquel lugar, aquella plazuela testigo de aquellos detalles, de aquellos momentos, de aquellas vivencias, de esas muestras de amor y sobre todo, ensuciara la historia que a través de ellos vivía y la hacía feliz, se molestó mucho con aquella mujer, aceptaba que pudiera volver a enamorarse, ella no lo había logrado, pero aceptaba que eso pueda pasar, pero llevar a ese nuevo hombre a esa plazuela era no respetar lo vivido, -mujer tenias que ser- le decía molesta y en silencio.
Una tarde que vio a esta mujer sentada a solas esperando, se puso a pensar si sentada ahí recordaba en algo al hombre de la silla de ruedas y sobre todo que fue lo que llevo a ambos a separarse, cansada de imaginar decidió bajar y de esa forma saber las cosas. Algo nerviosa caminó hacia la mujer, ya estando frente a ella se presentó y logró que entablaran conversación, en un momento dado le preguntó por el hombre de la silla de ruedas y la mujer le dijo:
-Ay sí, que hombre para más maravilloso, yo lo traía acá para distraerlo y cuidarlo, antes que muriera fui su enfermera-

El que opina sin conocer las causas obra ciega y destructoramente....Bonita historia, sobre todo la que ella vivía a través de ellos. Tenía capacidad de amar aunque fuera viviéndo una historia ajena...buen punto.
ResponderEliminarBuen punto con respecto con respecto a obrar de forma ciega y destructiva, en cuanto al hecho que vive a través de terceros, suele pasar cuando de una u otra forma uno se convierte en el vampiro de la felicidad ajena, proyecta en otros lo que pudo hacer y no hizo.
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