Montó su caballo y se dirigió a lo alto de un cerro, al cual llegó después de 4 horas, desmontó luego se sentó en una piedra en el pequeño descampado en lo alto del cerro, miró a su alrededor y estuvo sentado por unos minutos con la mirada perdida en un punto de la nada pero fija en un pensamiento. Luego se puso de pie se dirigió al caballo del cual sacó algunas cosas que las dejó a un lado, reunió algunas piedras y unas ramas y armó una pequeña fogata.
La tarde empezaba a dar paso al ocaso, caminó hacia el caballo al cual golpeó en las ancas por lo que este empezó a correr, cuando el caballo se perdió en el horizonte, se dio la vuelta y caminó hacia la misma orilla donde empezaba el precipicio y se puso a mirar, frente a él vio un paisaje diverso, zonas áridas, zonas boscosas, zonas rocosas, en la lontananza le pareció ver un rio, le recordaba a un trazo de lápiz sobre el papel y allende distinguió un punto oscuro y creyó que era una casa con techo de dos aguas, su casa, vio la pequeña laguna que alimentaba a dicho valle, mientras contemplaba el paisaje lo envolvió la nostalgia y comenzó a llorar y reír, se secó las lagrimas y caminó hacia la fogata que alimentó con más leña, luego se acostó y comenzó a mirar las estrellas como varias veces en su niñez y su adolescencia lo había hecho.
Su mirada lo llevó a ver a las estrellas las agrupó, luego las vio una por una, pudo ver una que otra estrella fugaz, de pronto las estrellas se hicieron palpables, se sorprendió mucho, pero la felicidad de poder palparlas sin lograr quemarse fue grande, descubrir que habían estrellas que cabían en su mano y otras eran enormes y que recorrerlas le tomaba mucho tiempo, cada vez que hallaba una estrella pequeña solía soplar suavemente para ver como la corona se hacía a un lado, pero cuando la estrella era grande entraba al corazón de la misma y se quedaba dormido dentro de ella.
En un momento dado en que estaba buscando otra estrella, saltando de cuerda en cuerda, se fijó en un punto azul, aguzó la mirada y se vio, estaba ahí acostado mirando al firmamento, vio como estaba vestido, comenzó a recorrer su cuerpo con la mirada se fijó en sus zapatos, subió por las piernas, llegó al vientre, se topó con sus manos sobre el pecho, luego su rostro, notó que tenía arrugas, se vio el cabello y lo tenía cano, dio una mirada a su entorno, al valle y volvió a mirarse el rostro, comenzó a sentir una gran alegría de encontrarse a sí mismo, luego una tristeza por verse solo y en abandono, intentó acariciarse el rostro pero no pudo y de pronto se vio mirándose a sí mismo, se vio reflejado en sus ojos, se asustó pero decidió volver a sí mismo y comenzó a viajar a través del tiempo y la distancia hacia sí mismo, con una desesperación que jamás antes había sentido, supo lo que debía hacer, y viajó cada vez más y más rápido. Acostado en el suelo pudo ver que una estrella se desprendía de su órbita y viajaba hacia él, conforme veía que se acercaba a él cual estrella fugaz, sentía que volvía a respirar o al menos eso parecía y que la estrella que iba a su encuentro se hacía más notoria, comenzó a distinguirla con mayor claridad, sintió un lejano renacer, una lagrima se formó en su ojo y comenzó a descender por su sien, en esta lagrima se pudo distinguir el reflejo de la estrella fugaz que poco a poco iba desapareciendo, desintegrándose hasta desaparecer segundos antes que la lagrima terminara perdiéndose en sus cabellos.
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