El cielo era de un azul especial, las personas que pasaban a su alrededor tomaban diferentes reacciones, algunos se alejaban sorprendidos, como asustados, murmurando entre sí la miraban y se alejaban, otros reían, hubo quién llegó a aplaudir, mientras que muy pocos se atrevieron a bailar con ella, todo esto no fue impedimento para que ella siga disfrutando de aquel momento, por instantes cerraba los ojos, desconectada de todos y de todo, estaba ahí bailando en mitad de aquella populosa-concurrida plazuela, se la podía ver bailando sola, un baile que tenía mucho de sensual, mucho de expiación, un baile de desconectarse de sí misma, pero a la vez es un baile que era evidentemente un encuentro consigo misma, verla desplazarse contorneando las caderas, llevando pie adelante, luego el otro, con los brazos levantados, sus ojos cerrados y esa sonrisa que denotaba un disfrute inigualable, con aquella camiseta amarrada a la cintura, ver sus cabellos danzar con el aire, cual abanico que se abre y se cierra y a la vez acompañarla en su danza ondeando a su compás con cada movimiento de su cuerpo, verla agacharse a un ritmo que sola ella conocía, mientras extendia los brazos y a la vez estos hacían olas, ver el torso de su cuerpo moverse de la derecha a la izquierda, ver el movimiento de su cabeza, aquella sonrisa, era un espectáculo embriagador e incomprensible, verla levantarse, verla abrir los ojos, verla sonreír invitaban a vivir, claro que sí, verla desplazarse en aquella danza de la cual ella era la única conocedora del ritmo, verla poner un pie delante seguido de una inclinación corporal a dicho lado del pie, luego el otro pie y otra inclinación corporal, de pronto comenzó a saltar en puntitas en su mismo sitio, hizo un puchero y comenzó a mover la cabeza de arriba a abajo de forma más rápida, extendió los brazos y su cuerpo tomó la forma de un crucifico y comenzó a girar sobre sí misma su boca se abrió para mostrar una hermosa dentadura en aquella sonrisa, levantó la mirada al cielo y comprobó que hay azules alegres, el cielo era una muestra de aquello que había descubierto, siguió girando, cada vez más y más rápido, hasta que no pudo evitar perder el equilibrio y caer de bruces.
Él la había estado viendo de minutos atrás y que había logrado fotografiarla, se le acercó, ella estaba en el suelo sentada y continuaba bailando, moviendo los brazos, los hombros, él le exttendió la mano para ayudarla a ponerse de pie y ella aceptó, cuando ya estuvo de pie continuó bailando, entonces él le sonrió y la dejó a ella inmersa en su danza.
Un hombre que había observado aquella escena, al verlo pasar por su lado le dijo
-Está loca-
Él le quedó mirando, luego la miró a ella que seguía danzando sola, lo vio a los ojos y le dijo:
-Te equivocas, está feliz-
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