miércoles, 30 de noviembre de 2011

Sin querer queriendo




Yo siempre he gustado de ir a los karaokes, este, bueno, siendo sincero, eso de "gustado" se debía a que en la ciudad en donde vivía habia dos bar-karaoke y bueno, ni modo, era ineludible asistir, dado que no había otros lugares de esparcimiento, con mis compañeros de trabajo solíamos ir y mientras bebíamos y charlábamos, pues nos atrevíamos a cantar y claro las bromas eran el común denominador, ya se imaginarán, cantar para que los amigos sonrían.

En una noche, estaba leyendo y de pronto suena el celular (aparato que detesto) tuve que contestar dado que se trataba de un amigo del trabajo, él cual me invitaba para ir al karaoke, me dijo que estaba con su novia y que como estaban aburridos habían optado por ir, no puse peros y acepté, no soy mucho de salir, por eso si alguien me invita a salir acepto, total, no sé cuando volveré a salir.

Entonces fuí al Karaoke, ahí estaban mi amigo y su novia, me acerqué, saludé, me senté y empecé a beber, a escuchar relatos que hoy no recuerdo, deduzco que debieron ser intrascendentes, la novia de mi amigo bailaba con él, luego conmigo (se bailar aunque no parezca, bueno, eso me digo a mí mismo), jarras van y jarras vienen y de pronto la novia de mi amigo decide cantar un tema, no sé si lo hizo bien, pero aplaudí, mi amigo me anima a cantar y yo como estaba muy alegre por las cervezas, acepté, tomé el micro y me mandé la versión más bizarra y desvergonzada del tema de La Orquesta Mondragon titulada "La caperucita feroz", a mi canto le puse un tono de lobo y luego de caperucita que hasta a mí me resultó tan gracioso que terminé el tema riendo y no cantando y las personas del karaoke aplaudieron por que dejé de cantar.
Habiendo concluido el ridículo del mes (siempre es bueno reírse de uno mismo) opté por brindar y claro la única persona que dijo que lo había hecho bien fue la novia de mi amigo, él en cambio me pedía de forma cortez que me suicide.
Al cabo de unos minutos pedí permiso y fuí al baño, a mi regreso en la mesa sólo estaba la novia de mi amigo, inicialmente pensé que mi amigo había ido por más cervezas pero la jarra estaba casi llena, así que le pregunté a ella donde estaba y me dijo que había salido, seguimos bebiendo y dialogando, esperando que regrese, realmente yo fuí él que se bebió toda la cerveza, por momentos a mi amigo le timbraba al celular pero no me respondía, lo extraño era que a él si le gusta responder el celular, así que finalizada la jarra, salimos del karaoke, la embarqué en un taxi y me fuí a dormir.

Al día siguiente, ya en la oficina le pregunté a mi amigo el porque la noche anterior se fue sin dar explicación alguna, me miró y me dijo:
-Ocurre que ella se burlaba de como cantabas, entonces la mandé a la mierda y me fuí-
Me quedé paralizado de la emoción, digo, realmente no esperaba que mi amigo pudiera apreciarme al grado de defenderme y de poner en zozobra su relación, entonces le miré y le dije
-¿No es algo exagerado?-
Me quedó mirando y me agregó -Ya estoy aburrido de esa flaca, ya no me gusta y no sabía como sacármela de encima, como cantas mal, se burló de tí, aproveché el momento y entonces le dije que se fuera a la mierda, me ayudaste Ju, gracias, te debo una- tras un guiño se alejó.
Con una media sonrisa y con los pies ya en la tierra, y habiendo superado aquella
emoción, que dicho sea de paso, fue infundada, me quedé pensando y me dí cuenta de algo, la amistad tiene varias aristas, nosotros no sabemos hasta que punto podemos influir y apoyar a nuestros amigos, de forma directa o indirecta, con palabras o hechos, yo por ejemplo aquella noche, con mi pésima voz ayudé a un amigo a terminar una relación, que, me queda claro, no lo hacía feliz, que si me uso o no, eso queda en mi amigo, pero que yo aporté, no cabe duda alguna, lo hice sin querer queriendo

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