Tengo ganas de estar en Marte y el mundo que conozco taparlo con el dedo pulgar apuntando abajo.
Mis esperanzas de ser escuchado se pierden cuando cruzan la frontera de mi autismo.
Aquella era una hermosa tarde, el ocaso pintaba de naranja el cielo, recuerdo que la ciudad estaba tan bella, caminaba por el centro de la ciudad en medio de personas que transitaban, la acera es angosta, así que opte por caminar por la pista, de esta forma no me toparía con las personas, observaba los locales comerciales, crucé la pista, me detuve en una esquina, metí la mano en el bolsillo y saqué un cigarro, estando a punto de prenderlo me vi frente a la parroquia de San Francisco con su enrejado de un verde oscuro, su pequeño jardín con sus cuatro bancas dispuesta de frente de par en par, con algunos árboles que emergen entre el gras y las flores y ese camino empedrado que va desde la acera hasta la puerta de la parroquia. No supe cómo fue que llegué hasta ahí, de lo último que recordaba es que estaba a varias calles lejos de dicha parroquia.
Vi en aquel lugar un buen sitio para fumar, así que fue ahí que me dirigí, me senté en la primera banca, la más cercana a la acera, las otras tres estaban vacías, eso me agradaba, cuando estaba a punto de prender mi cigarro una figura se paró frente a mí, vestido de negro, con el cabello cano y esa mirada penetrante, me quedó observando, lo primero que pensé fue –No me dejará fumar- lo quedé mirando, tratando que me diga algo, se sentó a mi lado y me dijo:
-Bonita tarde-
-Sí y el clima ayuda a disfrutarlo de forma placentera- agregué.
-Tienes que venir conmigo- me dijo
-¿Cómo?- pregunté.
Me tomó de la mano, nos poníamos de pie cuando sentí un golpe en el vientre tan fuerte que el dolor me hizo perder el conocimiento por breves segundos, caí de rodillas, comencé a respirar con cierta dificultad, mientras me tomaba el vientre, me llevé la mano izquierda a los ojos y respiraba y jadeaba, sentía que el dolor se disipaba dentro de mí, escuche una voz que decía algo que por el dolor y el mareo no había escuchado al comienzo, pero que conforme me pasaba el mareo y el dolor ya podía escuchar más no lograba entender.
Al abrir los ojos pude observar el cielo más azul que haya visto en mi vida, me quedé maravillado, sentí que me hundía, bajé la mirada mientras y observé las palmas de mis manos y estaban llenas de arena, me encontraba sobre arena, me puse de pie y me quedé contemplando el paisaje, estaba en la cima de una duna, que me permitía ver un extenso desierto, hasta donde alcanzaba mi vista, todo era arena, el cielo era azul y el sol sobre mí que quemaba, aquella voz que momentos antes había escuchado y que deje de hacerlo para ver en donde me encontraba, me sacaron de mi contemplación, busqué con la mirada de donde provenían y pude ver a aquel hombre vestido de negro que caminaba con mucha dificultad perdiendo el equilibrio y cayendo en la arena, baje corriendo y dando saltos con mucha naturalidad, como si conociera el terreno, por un instante recordé aquellos días en que practicaba sandboard.
Mientras me acercaba a ese hombre pude escuchar su voz cargada de molestia, ya estando a escasos metros de él y mostrándole una sonrisa traté de entender que me decía
- ¿Qué es esto?- fue lo primero que me dijo.
-Parece un desierto- le respondí.
-Lo es, si que lo es- lo dijo dando una mirada general del desierto.
-Aja, si- le dije
-Acá no hay vida ni la habrá- me dijo mirándome a los ojos.
- ¿Es necesaria?- le pregunte.
-Claro que es necesaria, yo necesito que haya vida- al oír eso, me pareció tan extraño, que lo quedé mirando de forma sorprendida, a lo que él me entendió –Por lo visto no te das cuenta, este desierto es tu alma, acá esta lo bueno que ofreces a los demás y mira que ofreces, nada, absolutamente nada, tienes el alma árida, sin frutos, sin vida, está seca, no nos sirve para los planes divinos- Yo lo seguía mirando, estaba muy confundido, no entendía a que venía tanto discurso, me miró y me dijo –No eres útil para Dios-
Dicho esto, vi como sus ojos a través de la mirada me envolvían, cerré los ojos tratando de evitar esa mirada, al abrirlos, seguía sentado en aquella banca de cemento frente a la parroquia, comencé a observar mi entorno y ya empezaba a anochecer, veía los postes de iluminación pública con los faroles encendidos, mi cigarro estaba en el suelo, estiré mi mano, lo recogí y mientras lo llevaba a la boca observaba mi entorno tratando de hallar respuesta alguna a lo que me sucedió, puse el cigarro en mi boca y mientras buscaba el encendedor escuché decir:
-Fumar en exceso reduce el tamaño del pene-
Levanté la mirada, frente a mí estaba un anciano vestido con un traje blanco y llevaba un baston, le esbocé una sonrisa y agregué
-Además da cáncer y son 10 minutos de vida por cada cigarro-
-Ofrece muchas ventajas para una muerte inmediata- me dijo
-Las da si y con mucho placer- le dije en el momento mismo que prendía el encendedor.
Pude ver que se me acercó con un caminar apresurado, entonces me puse de pie para enfrentármele, pero de pronto era de noche, estaba de pie sobre una piedra, frente a mí un pantano, en medio de esa oscuridad pude distinguir un árbol seco, enmohecido y muerto que estaba en la orilla del pantano, por mi lado derecho pude distinguir una tundra que se mezclaba con la oscuridad y se hacía eterna, a mi lado izquierdo pude distinguir a los lejos los restos de lo que alguna vez fue un bosque. Dicho lugar me resultaba tan familiar.
Escuché vociferar a alguien, observé el pantano y pude ver que alguien salía de el, era el anciano que segundos antes me había hablado cuando estaba sentado en la banca, lo vi gatear para que pueda salir del pantano, su ropa misteriosamente permanecía blanca, poniendo el bastón de forma horizontal y señalando su entorno me dijo:
-Tu alma es una porquería, acá no se puede vivir-
Lo miré, vi el paisaje oscuro, desolado, enmohecido y solitario y le pregunté - ¿Así no es el infierno?-
- ¿Quién te ha engañado de esa forma?- me preguntó.
-Realmente no tengo una idea clara- le dije.
-Este lugar no me sirve es oscuro, escondido, alejado, ni frio ni cálido, más parece un refugio para aliviar los dolores de los errores que para pasar penas.-
-Pero el acto mismo de enmendar los errores es doloroso, se le puede interpretar como un suplicio, una pena- le dije.
-Pero este lugar no aloja esperanza alguna por lo tanto carece de engaño y sin engaño no hay manipulación, no hay sometimiento, por eso es necesaria la esperanza- Me replicó –No me sirve tu alma-
Al oír esto me quedé pensando en esas palabras, quise preguntar qué es lo que realmente me quería decir, al mirar me di cuenta que estaba de pie y frente a la parroquia, me senté en la banca, noté que tenía el encendedor encendido y el cigarro en la boca, con cierta dificultad por los nervios encendí el cigarro, guardé el encendedor en mi bolsillo, di una bocanada y lentamente comencé a mirar a mi alrededor para saber donde estaba, para tener cierto control, sentí frio, supongo que se debió porque ya había anochecido, la ciudad ya contaba con sus propias luces.
Caminé hacia mi departamento, sumido en la más completa confusión y miedo, ya estando en el, me dirigí al baño, me quedé contemplándome al espejo, abrí el grifo del lavabo, recogí algo de agua en mis manos, me lavé el rostro, viendo mi rostro afeitado, mis ojeras, me puse a pensar en lo que sucedió, me pregunto a mí mismo si será cierto que mi alma es inhabitable, en donde no se puede alojar el bien porque es árida y seca, en donde no se puede alojar algo de maldad porque carece de esperanza, un alma donde sirve de refugio dentro de su húmeda soledad, un alma donde no hay un oasis de felicidad, solo un mar de completa soledad, me miro y creo comprender el porqué nadie me acompaña, me pregunto ¿A dónde piensas que estás yendo?, ¿ esto es libertad?, no encuentro respuesta, si nadie puede habitar mi alma, está bien, me conformo con eso, total es lo que tengo, una aridez que no mata pero agoniza, una ciénaga que sirve de refugio en medio de la oscuridad, en fin, me vuelvo a mirar al espejo, me regalo una sonrisa, realmente me gusta de entre todas las sonrisas que creo tener, salgo del baño, camino hacia mi cama, veo la foto de una mujer, me gusta su sonrisa, amo esa sonrisa, si nadie puede habitar mi alma, si sólo yo la puedo habitar no tiene sentido que me vuelva a preguntar, ¿A dónde piensas que estás yendo?.
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