miércoles, 29 de febrero de 2012

Hoy día tendré la fuerza de voluntad para vivir





La pequeña cabaña era testigo de cómo la noche cedía al tiempo, de cómo las estrellas iban despareciendo unas tras otra en el firmamento. En una habitación de la cabaña la oscuridad de la noche a pesar de que se resistía a marcharse lentamente cedía a los primeros rayos del día. En aquella cama un cuerpo abrió los ojos, vio el techo, bajo la mirada lentamente, pudo ver la puerta, la pared de enfrente, el closet, una silla, la cama, sus pies, sus sabanas, llevó sus manos a sus ojos, los frotó y luego se estiró y pudo escuchar el grillar de unos grillos que estaban fuera de la cabaña, se puso contento dado que pensaba que los grillos traían buena suerte, mirando al techo se dijo a sí mismo –Hoy día tendré la fuerza de voluntad para vivir- dicho esto se levantó se calzó unos zapatos, caminó hacia la puerta, la cual abrió lentamente, transitó por un pequeño pasadizo, abrió una puerta que lo llevó a la cocina en la cual buscó la tetera que llenó de agua y la puso a hervir, salió de la misma, caminó unos pasos por el pasadizo, abrió otra puerta que lo llevó al baño en el cual se aseó y se duchó, luego se dirigió a su habitación en donde se cambió de ropa, ya cambiado se fue a la cocina se sirvió una taza de café, se hizo un par de panes con queso, salió de la cocina, paso por una sala, abrió una puerta y salió a un pórtico, ya podía distinguir el sol entre las lejanas montañas, se sentó en una silla y mientras observaba el paisaje comenzó a tomar su café y comer sus panes. Finalizado su desayuno sacó su paquete de cigarros del cual extrajo uno que lo llevó a la boca, lo prendió y dio la primera calada, tomó al cigarro entre sus dedos lo quedó mirando y mientras exhalaba el humo se dijo a sí mismo –Es hora que salga a trotar todas las mañanas- acto seguido se quedó contemplando el paisaje.

Al mediodía lo fue a visitar un vecino suyo, lo encontró sentado en el pórtico, junto a él una pequeña mesa en la que había cuatro colillas de cigarros en el cenicero y una taza vacía, el médico certificó que llevaba muerto más de 30 horas.

Dicen sus vecinos que algunas veces lo ven trotando por las mañanas otras veces al mediodía y otras por las tardes, eso dicen, pero lo único cierto es que los grillos le grillan todas las mañanas.

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