lunes, 31 de diciembre de 2012

La dignidad de un pelotudo

 


Él vio la hora, eran las 2:37am, pensó que ya había trabajado demasiado, intentó conectarse pero el sueño que comenzaba a sentir lo desanimó.
-Será siempre lo mismo, las mismas domésticas y obreros hablando de cosas que ignoran- pensó

Bajó a la calle, lloviznaba, sintió frío y buscaba con la mirada un taxi que lo llevase a su hotel pero no vio alguno –Estos miserables taxistas nunca aparecen cuando se  los necesita- se dijo a sí mismo, mientras miraba como un faro iluminaba la llovizna.
Estuvo tan concentrado en el faro que no se percató que un taxista le tocaba la bocina, al verle se subió al taxi y le dijo en inglés:
-Por favor señor lléveme al Grand Hyatt Beijing-

El taxista al escucharlo le dijo:
-Entendido señor-

Y el coche arrancó conociendo su destino. El taxista lo miraba por el espejo retrovisor, entonces se animó a decirle:
-Señor me parece que usted no es de acá-

-Así es- le respondió
-Por un momento me confundí, tiene rasgos mongólicos pero su inglés sí que no es de acá-

-Sabe mongo, solo conduzca, ok- dijo
-No buscaba ofenderlo señor- le dijo el taxista –sólo le decía lo que pensé y trataba de entablar un diálogo para que el viaje no sea aburrido-

-Mire señor yo solo deseo llegar a mi hotel y descansar, no pretendo escucharle a usted y sus historias como que su país es el mejor de todos y que su taxi lo compró con amor, para mí eso son estupideces, así que conduzca y no sea un igualado-
El taxista quiso agregar algo pero al verle tan molesto, desistió y siguió manejando en silencio. Al llegar al hotel Grand Hyatt Beijing le indicó el coste del viaje, él le dio el importe y le pidió que se quedara con el vuelto, el taxista rió por dentro
ja… para US$2,00 miserables de vuelto-

Él entró al hotel, se dirigió a recepción pidió la tarjeta de su habitación y subió al ascensor, llegó a su piso, abrió la puerta y le sorprendió ver a la mucama.
-Señor, disculpe ud. como me dijeron que tardaría en venir decidí limpiar y arreglar su habitación- le dijo la mucama asustada por su llegada.

-A las 3am señora,  ¿está usted cuerda?-
La mucama al oírle decidió marcharse, él miró lo limpia y ordenada de la habitación, luego se mudo de ropa, ya estando acostado pensó:
-¿Qué demonios ve Strauss-Kahn a las mucamas, por Dios?-

Luego comenzó a pensar en su día y recordó a la mucama, cuando entro ella estaba terminando de acomodar la cama y pudo ver su gran culo, su majestuoso culo, recordó cómo se contorneaba al vaivén de alguna canción que ella cantaba pero que él no pudo distinguir.
Comenzó a tocarse los testículos y el pene, mientras imaginaba acercarse por detrás a la mucama, conforme imaginaba que le levantaba el vestido y le bajaba las bragas su pene se endurecía, imaginaba apretujar sus nalgas, morderlas, subir sus manos por la cintura buscando las tetas de la mucama, sintió el deseo de cachetear esas nalgas redondas, deliciosas, imaginó que la iba a penetrar cuando de pronto sintió que sus piernas se endurecían y sintió un cosquilleo en la punta del glande y supo que ya había acabado.

Cuando regresó del clímax se dio cuenta que había mojado las sábanas, entonces decidió llamar a recepción y pedir que cambien las sábanas de la cama porque estaban sucias.
A los pocos minutos tocaron la puerta al abrirla, tremenda fue su sorpresa al ver a la misma mucama que encontró minutos antes, sintió un deseo de poseerla, la mucama se dirigió a la cama, él pensó si podía empujarla a la cama y poseerla ahí mismo, pero cuando la mucama destapó la cama y al notar lo mojada que estaba, se contuvo.

La mucama cambió las sábanas luego se dirigió hacia él, lo quedó mirando, estaba con un rostro libidinoso, sus ojos destilaban lascivia, llevaba la máscara de un gorila en las manos, ella lo miró y antes de cerrar la puerta y marcharse le dijo:

-Ten algo de dignidad pelotudo-





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